El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha dedicado su carta pastoral de esta semana a la cantante estadounidense Whitney Houston, fallecida el pasado sábado en un hotel de Beverly Hills (Los Ángeles), de la que resalta, entre otras cosas su “hermosura encantada”.
La cantante Houston se preguntaba en una canción ¿cómo podría conocer? (How Will I Know), y esto es lo que a tientas ha ido buscando de tumbo en tumbo.
Cada día mueren miles y miles de personas, y porque la muerte forma parte paradójicamente de la vida, no nos solemos sobresaltar por el dato. Salvo que la esquela lleve un nombre de alguien cercano o querido, porque entonces la muerte nos enseña su zarpa y deja marcado el rasguño de su impostura en nuestras entrañas. Pero hay también, de vez en cuando, muertes que podríamos llamar “emblemáticas”, muertes que nos sobrecogen por su absurdo más imprevisto, más impensable y menos de recibo. No es el caso de un accidente o una enfermedad, sino el haberse dejado morir cuando parecía que todo conspiraba para poder seguir viviendo.
Estos días atrás nos hemos enterado del fallecimiento de una cantante famosa: Whitney Houston. La belleza de su voz tan llena de fuerza y de talento, bien encajada en su hermosura encantada, hubiera asegurado una vida no sólo premiada, sino serena y gozosa, con todo cuanto se podría en principio tener para vivir dichosamente la existencia. Quien fuera una de las más importantes cantantes de gospel y de música pop y soul durante varias décadas, de pronto ha enmudecido su voz para siempre y ha quebrado su cuerpo hundido en un naufragio de bañera.
Vienen a la memoria otros casos de personajes que por mil razones han malogrado su vida, no como desesperado desenlace de tenerlo todo al revés y cuesta arriba, sino como fruto de no saber dar con lo que permite ver las cosas y vivirlas de un modo agradecido, gratuito, de no haber encontrado lo que no cabe en una cuenta bancaria, en un éxito de popularidad, en unos dones naturales de excepción.
Las fotografías que han circulado en estos días sobre Whitney Houston contrastan entre la sonrisa glamourosa de alguien aparentemente feliz y afortunada, con el rictus de dolor, de desvarío, de carcoma, que los desamores, los infortunios, el alcohol y las drogas terminaron por dibujar fatalmente.
No dejamos de conmovernos por tan triste deriva. Rezamos por esta mujer y pedimos para que su encuentro con Dios sea un estreno eterno con la belleza que jamás se marchita, ni traiciona, ni destruye, sino que cumple del todo y para siempre la felicidad para la que también ella fue pensada, fue creada, fue esperada y redimida.
Dios acoge y escucha nuestros gritos y plegarias, los que logramos expresar con serena piedad y los que lanzamos a los vientos sin saber que los dirigimos a quien sólo nos puede escuchar sin engaño. El Papa recordaba recientemente cómo el salmista reza “«Dios mío, de día te grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso. Porque tú eres el Santo y habitas entre las alabanzas de Israel» (Sal 22, 3-4). El salmista habla de «grito» para expresar ante Dios, aparentemente ausente, todo el sufrimiento de su oración: en el momento de angustia la oración se convierte en un grito. Y esto sucede también en nuestra relación con el Señor: ante las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando parece que Dios no escucha, no debemos temer confiarle a él el peso que llevamos en nuestro corazón, no debemos tener miedo de gritarle nuestro sufrimiento; debemos estar convencidos de que Dios está cerca, aunque en apariencia calle”.
Cada mañana volvemos a comenzar la aventura de una jornada todavía no escrita. Lo podemos hacer siendo rehenes de nuestros fantasmas, de nuestras deudas y fracasos, de nuestros escepticismos y nuestras trampas. Esto nos llevará a vivir las cosas con una insoportable fatiga, abrumadora, que nos irá empujando a buscar sucedáneos falsos con los que evadirnos, engañándonos en la quimera de cada mentira. Pero también podemos comenzar el día sabiéndonos pobres, mendigos, incapaces de cambiar siquiera el mundo que tenemos bajo los pies. Y no obstante, sabernos mirados por Dios, queridos y esperados por Él, que acompaña cada paso, enjuga cada lágrima y brinda por cada sonrisa.
La cantante Houston se preguntaba en una canción ¿cómo podría conocer? (How Will I Know), y esto es lo que a tientas ha ido buscando de tumbo en tumbo. Pero hay Alguien más grande que nuestras torpezas o extravíos que nos conoce y que sale a nuestro encuentro. Es el Amor más grande de todos (Greatest Love Of All), como ella también cantó. Ella corrió hacia Él (Run to You) a pesar de sus notas fallidas. Su concierto eterno ha comenzado. Descanse en paz.
Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Jesús Sanz Montes
Arzobispo de Oviedo
Luz interior
Escrito por Pedro Ferriz de Con, periodista, conferencista y empresario mexicano.
La evolución es algo social, donde tienes pruebas de tu voluntad.
Estoy preocupado por lo que veo… El hombre está metido en una problemática cotidiana tan intensa, que se está olvidando del valor esencial de la vida. El dinero es la medida de la satisfacción, es el objetivo a alcanzar. La estabilidad emocional va en función de la economía. Incluso la salud acaba rendida ante su potestad.
¿Qué hay que hacer de manera cotidiana para ser feliz?
1.- Oír MÚSICA todos los días… La que te mueva los sentimientos, la que te haga aflorar tu lado humano. La música es, con la oración, es el puente vibratorio más eficaz para conectar con Dios. Un día sin música es como un día sin agua.
2.- SER POSITIVO. Cuando tengas ante ti un escenario de duda… “piensa bien y acertarás”. Atrae el optimismo, declara solo cosas buenas para tu vida…..y recuerda que el pesimismo llega solo.
3.- ORA todos los Días. Háblale a Dios para que te escuche.
4.- Habla BIEN de todos. Si te conduce una plática a denostar una persona o grupo, asegúrate que esté presente para que argumente en su defensa. Y asegúrate si es verdad lo que van a decir. Y si ves que no, mejor retírate…..el chisme contamina.
5.- SE JUSTO. Cuando te propongan una injusticia, no la tomes. Si te trae un beneficio, piensa que es aparente. Si no están claros los argumentos… busca la verdad.
6.- LEE todos los días. Aunque sea un párrafo. Los libros traen riqueza interior. Satisface tu curiosidad. El que no lee, recicla sus pensamientos. Sacude el ambiente viciado de las ideas!
7.- ENRIQUECE tu vocabulario. Usa sinónimos. Muestra tu cultura. A cada concepto, una palabra. A cada vocablo un sentimiento.
8.- RIE a diario. Reír es casi igual de importante que llorar. Llora lo mas que puedas. La risa y el llanto se llegan a tocar en la alegría. La nobleza se basa en externar sentimientos.
9.- SE CONSTANTE con aquellos que amas. Por lo general lo que amas guarda sus razones. No ocultes tus afectos. Se transparente.
10.- Mantén despierto el INTERÉS. Siempre hay algo que aprender. A cualquier edad y condición. Deja que el espíritu se asome por tus ojos, por tu pensamiento. La inteligencia es curiosa. La ignorancia, perezosa.
11.- AGRADECE todos los días. No necesitas voltear a tu alrededor para darte cuenta de lo que tienes que agradecer. La vida misma!… tuviste más suerte que otros. Tu Salud, tu familia, tu trabajo, tu comida, etc. Piensa en el regalo que representa tu existencia.
12.- PERDONA más. Para qué andar guardando con resentimiento cosas del pasado. La agresión, el dolor, la culpa, la ofensa, es un regalo de crecimiento personal. Sólo tú mismo sabes si lo recibes. Todavía no conozco a alguien que no se equivoque. No guardes nada oscuro en tu corazón, ni remordimientos ni arrepentimientos, ni envidias ni frustraciones o apegos…
13.- Justifícate menos. Aprende de tus errores. Cuando los pasas por alto no se crece, mejor date cuenta de tu equivocación, acepta tu culpa y dale carpetazo al asunto.
14.- Demuestra tu AMOR. Demuestra cuán importante eres para ti mismo, regálate aquello que siempre quisiste, apapacha a los que más amas, y díselo… te sorprenderás de los resultados.
Haz que se vea fácil lo difícil.
NUNCA PIERDAS LA FE. Aprende a fluir… Como la luz!
!HAZ LO IMPORTANTE!… !
¡QUE lo urgente puede esperar!
“Concordia”, de la cobardía al heroísmo
“Siempre existe un faro seguro: La bondad en el corazón del hombre”.
Todos hemos oído hablar los días pasados del naufragio de la nave-crucero italiana “Concordia” frente a las costas de la “Isla del Lirio” (“Isola del Giglio”), debido a la imprudencia sumada a la cobardía posterior de su comandante. No voy a hablar de ello; quisiera limitarme a las palabras de un testigo concreto. No olvidemos que la población de la isla es de apenas ochocientos habitantes y que de golpe, en plena noche (¡!), vió llegar, terrorizada y tiritando de frío, una multitud babélica de más de cuatro mil personas (¡!).
Dicho testigo es Don Victorio Dossi, de 72 años de edad, bergamasco, que desde hace veinte años es el párroco de aquella comunidad cristiana.
Apenas le llegó la noticia del naufragio, Don Victorio abrió las puertas de la iglesia para acoger a toda la gente posible. Cupieron más de doscientas personas. Otras doscientas las alojó en la escuela materna parroquial: “He hecho lo que he podido”, dice sin más. “Nada de extraordinario, sólo lo que el corazón me sugería y lo que cualquiera con un poco de humanidad y de sensibilidad hubiera hecho…”. Y cuenta: “Al principio la gestión de la emergencia fué dura y con una gran confusión. Los pasajeros provenían de muchas nacionalidades y era difícil lograr entenderse. Había mamás que gritaban y pedían por sus hijos. Yo trataba de asegurarles diciendo que probablemente estaban todavía en el puerto. Recogimos todos los colchones y cubiertas disponibles , y les alojamos en la iglesia. Con la ayuda de otros parroquianos, distribuimos agua, café, comida… Mucha gente venía simplemente con la ropa interior. Recogí todo lo que tenía, calcetines, vestidos, calzado…, y se lo dí. A mi teléfono mòbil llegaban contínuamente llamadas en inglés, español, y otras lenguas: eran los parientes que buscaban a los sobrevivientes y a los cuales las autoridades habían dado mi número porque, ya se sabe, en un pueblo los puntos de referencia son el párroco, el médico y el alcalde…”.
Durante los veinte años en la isla como párroco, Don Victorio ha vivido muchos naufragios de barcos de pesca, accidentes en el mar…, pero un desastre multitudinario como el reciente era impensable. Y añade: “Quiero subrayar el hecho de que toda la isla ha dado prueba de una solidaridad extraordinaria y caridad cristiana. Me ha impresionado en particular ver a tantos jóvenes, que normalmente parecen petulantes y lejanos del sentido de simple humanidad, cómo venían a mí y me pedían en qué podían ser útiles. Y luego las familias que han abierto sus casas, los baristas, los comerciantes, la gente común… Todos inmediatamente se movieron para dar una mano. Muchos vinieron a la parroquia. No me lo esperaba, ha sido una sorpresa increíble…”.
Quisiera añadir que las tiendas y bares abrieron inmediatamente sus puertas. Los bares acabaron sus provisiones de café, leche…; las tiendas distribuían ropas a quien venía casi sin nada, mojado y transido de frío. Con una generosidad inmediata, espontánea, sin pretender hacer el gran “negocio”, sino regalando… Una humanidad que de golpe salía a flote como por instinto. Entrevistadas más tarde, muchas de aquellas personas, así como bomberos, carabineros, marineros, soldados…, cuando los periodistas buscando sensacionalismos les trataban de héroes, no hacían más que repetir: “Pero si hice lo que hubiera hecho cualquier otro en mi lugar…”. El gobierno ha propuesto dar a todo el pueblo una medalla al valor.
Y hace unas semanas, cuando unas grandes inundaciones en Génova y una región del sur de la ciudad llenaron de barro casas, calles y pueblos enteros, con muertos, heridos y destrozos sin número, de golpe se presentaron –además de los responsables y ayudantes oficiales en estas ocasiones- miles de personas de todas las regiones de alrededor, y sobre todo jóvenes, a dar una mano, a quitar barro, a limpiar casas… Y, un último detalle, los obispos de las diócesis afectadas (Génova, etc.), cerraron los seminarios y enviaron a sus seminaristas a dar una mano todo el tiempo que hiciera falta.
Para que nos fiemos de las apariencias tan frecuentemente negativas… Cuántas veces, debajo de una aparente indiferencia o egoísmo, late una humanidad que, consciente o inconscientemente, cuando se presenta la ocasión recuerda o reproduce aquello de que: “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). ¡Mientras hechos semejantes tengan lugar, la humanidad va todavía por buen camino!
Josep Rovira, cmf – Martes 24 de Enero del 2012
La niña no está muerta, está dormida
«De vosotros depende el futuro, de vosotros depende el Anal de este milenio y el comienzo del nuevo. No permanezcáis pues pasivos; asumid vuestras responsabilidades en todos los campos abiertos a vosotros en nuestro mundo» (Carta a los jóvenes con ocasión del Año internacional de la juventud, n. 16, 31 de marzo de 1985). Ahora, en este estadio, lugar de competiciones, pero también de dolor y sufrimiento en épocas pasadas, quiero volver a repetir a los jóvenes chilenos: ¡Asumid vuestras responsabilidades! Estad dispuestos, animados por la fe en el Señor, a dar razón de vuestra esperanza. (cf. 1P 3, 25)
¿Cuál es el motivo de vuestra confianza?
Vuestra fe, el reconocimiento y la aceptación del inmenso amor que Dios continuamente manifiesta a los hombres:
Jesucristo, «el mismo ayer y hoy y por los siglos» (Hb 13, 8), continúa mostrando por los jóvenes el mismo amor que describe el Evangelio cuando se encuentra con un joven o una joven. Así podemos contemplarlo en la lectura bíblica que hemos escuchado: la resurrección de la hija de Jairo, la cual –puntualiza San Marcos– «tenía doce años» (Mc 5, 42) Jairo, quien con franqueza expone al Maestro su pena, la enfermedad de su hija, y con insistencia le suplica su corazón: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva» (Mc 5, 23). «Jesús se fue con él» (Mc 5, 24). El corazón de Cristo, que se conmueve ante el dolor humano de ese hombre y de su joven hija, no permanece indiferente ante nuestros sufrimientos. Cristo nos escucha siempre, pero nos pide que acudamos a El con fe… Todos los gestos y palabras del Señor expresan este amor.

Quisiera detenerme particularmente en esas palabras textuales recogidas de labios de Jesús: «La niña no está muerta, está dormida». Estas palabras profundamente reveladoras me llevan a pensar en la misteriosa presencia del Señor de la vida en un mundo que parece como si sucumbiera bajo el impulso desgarrador del odio, de la violencia y de la injusticia, pero, no. Este mundo, que es el vuestro, no está muerto, sino adormecido. En vuestro corazón, queridos jóvenes, se advierte el latido fuerte de la vida, del amor de Dios. La juventud no está muerta cuando está cercana al Maestro. Sí, cuando está cercana a Jesús: vosotros todos estáis cercanos a
Jesús. Escuchad todas sus palabras, todas las palabras, todo.
Joven, quiere a Jesús, busca a Jesús. Encuentra a Jesús.
Beato Juan Pablo II
Discurso a los jóvenes de Chile, 02/04/1987 (© Copyright 1987 – Libreria Editrice Vaticana)
Si quieres escuchar parte de lo que aquí está escrito, entra a 01 Juan Pablo II 1987
Recibí este correo, y lo quiero compartir contigo…
Cuando llegue a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tome de la mano y le dije: “Tengo algo que decirte”. Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.
De pronto ya no sabía como abrir la boca. Pero tenía que decirle lo que pensaba. “Quiero el divorcio…” – le dije lo más suave que pude.
Mis palabras parecieron no molestarle. Al contrario, muy tranquilamente me pregunto, “¿Por qué?”
Evite su pregunta con mi silencio, esto la hizo enfurecer. Tiro los utensilios y me grito, “¡No pareces hombre!”.
Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio. Yo sabía que ella quería saber que le había pasado a nuestro matrimonio. Pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya no amaba a mi esposa, solo me daba lástima.
Con profunda culpa, redacte un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa
Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. La mujer que había vivido diez años conmigo ahora era una extraña para mi. Me sentí mal por todo el tiempo y energía que desperdicio conmigo yo nunca lo podría reponer. Pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.
Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí, eso era lo que yo esperaba desde el principio. Verla llorar me hacia sentir el peso de mi decisión.
Al siguiente día, llegue a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me fui a la cama.
Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importo y solo me acomode de nuevo y seguí durmiendo.
En la mañana muy temprano, me presento sus condiciones para aceptar divorciarse de mi:
No quería nada de mí, pero necesitaba un mes antes de firmar el divorcio, me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del rompimiento del matrimonio de sus padres. Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo.
Pero había algo más, me pidió que me acordara como la cargue el día de nuestra boda. Ella quería que cada día del mes que me pedía como plazo, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa… pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.
Le platique a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa… se rio bastante y pensó que era muy absurdo. Dijo en tono burlón: “No importan los trucos que invente, tiene que aceptar la realidad de que se van a divorciar”.
Desde que le exprese mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo. El primer día que la cargue se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo, “Papá me alegra que quieras mucho a mamá”. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente camine como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que por favor no le dijera a nuestro hijo nada del divorcio. Me sentí muy incomodo, la baje y ella camino a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo maneje solo a mi trabajo.
El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargo ligeramente en mi pecho. Podía oler el olor de su perfume. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya tenía algunas canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunte que si yo era el responsable de esto.
A el cuarto día, cuando la cargue. Sentí que regresaba un poco de intimidad. Ella era la mujer que me había dado diez años de su vida.
El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra vez. No le platique nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacia mas fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.
Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedara. Solo suspiro y dijo, “todos mis vestidos me quedan grandes”. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla, estaba perdiendo mucho peso, estaba muy delgada.
De repente entendí la razón… estaba viviendo en silencio tanto dolor y amargura en su corazón, inconscientemente le toque la frente.
Nuestro hijo entro en ese momento y dijo, “Papá es tiempo que cargues a mamá”. El ver a su papá cargar a su mamá todos los días le gustaba. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor mire hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargue, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acaricio mi cuello, y yo… la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.
Su estado físico me causo tristeza. Ese día, cuando la cargue sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abracé muy fuerte y le dije, “Perdóname nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así”.
Me fui a trabajar… salte fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión… subí las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije, “Lo siento mucho pero, no me voy a divorciar”.
No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me toco la frente y me pregunto si tenía fiebre. Quite su mano de mi frente y le dije de nuevo: “Lo siento Eloísa, no me voy a divorciar. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amáramos”.
Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargue por primera vez esa responsabilidad era mía hasta que la muerte nos separe.
Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerro su puerta. Corriendo baje las escaleras y me fui de ahí. Pare en una florería, ordene un bonito ramo para mi esposa. La chica me pregunto que le ponía a la tarjeta. Sonreí y le escribí, ”Siempre te llevare en mis brazos, hasta que la muerte nos separe”.
Los pequeños detalles es lo que realmente importa en una relación…
Sí recordáramos el día en que dijimos Sí acepto, y tuviéramos la misma ilusión por hacerle feliz… muchos matrimonios serían diferentes
Es imposible predecir el futuro. Pero es fácil ver las consecuencias de ello a posteriori, es decir, observar lo que ha pasado con ellos ya casados, a lo largo del transcurso de sus vidas. Ignoro si hay estadísticas al respecto, pero sería interesante saber qué probabilidad de divorcio tienen los que mantuvieron relaciones antes del matrimonio y cuál la de los que aguardaron hasta entonces.
Dijimos antes que suele darse decepción en el novio que ha desentrañado el misterio de la chica, y ese material previsto por Dios para afianzar su unión se ha consumido antes de su vínculo definitivo.
Tu pregunta es sobre el futuro de los novios que tienen relaciones sexuales. Una alternativa posible es que termine su noviazgo, que cada uno se marche por su lado y entonces han de esperar una nueva oportunidad. Otra alternativa es que continúen adelante, con amor o sin él. Es decir, que continúen sólo por el vínculo que produjo el sexo, por la unión afectiva que se dio gracias a la hormona oxitocina. No se sabe si es o no la persona adecuada, simplemente se sigue con él por aquél vínculo y por el temor de que aquello no sea recuperable. Una tercera alternativa es que continúen adelante sabiendo que sí son ‘el uno para el otro’, se casen y sean fieles y felices para siempre.
Esta tercera opción es la más deseable, pero desgraciadamente la menos probable. Basta ver que hay muy pocas chicas que se casan con aquel que las hizo perder su virginidad. Quizá haya excepciones, pero serán siempre una minoría. No parece, pues, que valga la pena intentarlo.
En el capítulo «SOBRE EL MATRIMONIO YA PRÓXIMO», volveremos sobre esto.
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes – Noviazgo y sexualidad
Entonces, ¿debemos estar siempre atentas para distinguir entre el amor verdadero y el deseo sexual?
Sí, porque es muy fácil que el ambiente erotizado de hoy los haga parecer equivalentes. Una cosa es el amor y otra el deseo.
Un párrafo del Quijote quizá nos ayude a comprender que detrás de cualquier planteamiento confuso entre amor y sexo (por ejemplo «como te amo, necesito sexo») hay un lamentable engaño. Dice así:
Sucedió, pues, que como el amor de los mozos, para la mayor parte no lo es, sino apetito, el cual, como tiene por último fin el deleite, en llegando a alcanzarlo se acaba, y ha de volver atrás aquello que parecía amor, porque no puede pasar adelante del término que le puso la naturaleza, el cual término no lo puso a lo que es verdadero amor.
Encontramos aquí algunos conceptos interesantes: apetito, deleite, término, verdadero amor. Dice Cervantes que el apetito (o ‘las ganas’) tiene como finalidad el deleite. Cuando el deleite se obtiene, termina aquello que parecía amor. ¿Cómo saber, pues, si en una relación de novios, existe verdadero amor o tan sólo búsqueda del deleite?
La señal es, precisamente, la que dice Cervantes: que cuando el deleite pasa, el amor falso no continúa (en llegando a alcanzarlo se acaba). Entonces ha de volver atrás aquello que parecía amor, es decir, que cuando a tu novio se le acaba el placer (o ya no se lo das), disminuye su interés por ti. En cambio, si él verdaderamente te ama, no le importará demasiado el placer, le importarás tú, independientemente de que haya placer o no. Una insistencia grande en el placer es, por lo menos, sospechosa, ¿no crees?
Placer, deleite, apetito: el amor los incluye, no los desprecia. Dios los puso como acompañantes del amor, no como sustitutos del mismo. El placer, el deleite, ha de ser consecuencia del amor (primero el amor; con él y a su tiempo, el deleite). El placer, el deleite, sigue, no se persigue. Si se persigue, tendrás muchos motivos para pensar que estás siendo usada. Un buen lema para ti podría ser, antes de comenzar cualquier relación de noviazgo, que tu pretendiente supiera de este deseo tuyo: ÁMAME, NO ME USES.
Por lo tanto, el placer, como dice Cervantes, no puede pasar adelante del término que le puso la naturaleza. El placer no sirve para determinar si habrá o no una verdadera permanencia, porque el placer va y viene. Una unión basada en el placer, ¿podrá mantenerse siempre? No, es claro que no. El amor, en cambio, es lo que permanece: el cual término no lo puso a lo que es verdadero amor. De modo que si un noviazgo y el subsiguiente matrimonio están basados en el placer, casi seguro no permanecerán; si su fundamento es el amor verdadero, el fundamento es sólido.
Placer, deleite, apetito, son realidades subjetivas. Y las decisiones en la vida no se toman sólo en base a lo subjetivo. Si quieres lanzarte de un trampolín de diez metros porque tienes muchas ganas de hacer piruetas en el aire y lucir tu esbelta figura, me parece muy bien. Tienes apetito de clavados, si pudiéramos hablar así. Pero asegúrate que hay agua en la alberca. Si no la hay (es decir, si no existen razones objetivas, fundadas en la naturaleza de las cosas), te romperás la crisma.
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes - Noviazgo y sexualidad
¿Te ama o te desea? ¿Quiere de verdad tu bien o está buscando su disfrute? Cada noviazgo tiene su historia propia y, si va desarrollándose debidamente, debía pasar siempre del «te amo porque te necesito» al «te necesito porque te amo».
No suele ser difícil que el egoísmo de la carne -dijimos que en los varones es particularmente intenso- lleve ‘a fingir amor para sacar sexo’. Lo que queda al descubierto en lo que tu novio te dice podría expresarse así: «te amo (o finjo hacerlo) porque me haces falta para satisfacer mis instintos». Ojalá que en realidad te dijera: «te necesito -me haces falta, me eres imprescindible- porque es muy grande mi amor por ti». Hay diferencia, ¿no?
«Si de verdad me quieres, demuéstramelo acostándote conmigo». Piensa, pues, si de verdad puede quererte una persona que te presiona para hacer el acto sexual. ¿Está buscando tu verdadero bien, lo que más te conviene? Quizá en realidad lo que te diga es: «quiero que corras distintos riesgos con tal de que yo pueda satisfacer mi genitalidad».
No cedas a la presión, por la sencilla razón de que esa prueba que te pide no es una prueba de amor sino un chantaje. Y si no acepta tu negativa, harás muy bien en terminar tu noviazgo. Lo digo muy en serio. No tontees con una relación en la que están intentando usarte: si, luego de explicarle con firmeza y enfado que te parece pésima su propuesta, tu novio no se convence, convéncete tú que el tipo es un auténtico patán.
Compáralo con otro que te diga: «Me gustas mucho y, aunque mi deseo sexual es muy grande, sé que debo esperar porque es lo mejor para ti y para mí». Éste último sí te manifestaría amor verdadero y estaría dispuesto a poner tu bienestar por encima de su interés.
Perdóname la comparación, porque es muy burda. No me resisto a dejarla por escrito así, con todas sus letras, para que tengas un argumento agresivo ante lo tosco de la propuesta de tu novio. Un señor mayor, buen cristiano y buen padre de familia, decía que «las mujeres no son escusados donde descargar necesidades fisiológicas». No pierdas el tiempo con quien quiera utilizarte. Dile que no quieres convertirte en su WC. Dedícate a buscar el amor verdadero, aunque tardes en encontrarlo. Contarás con el beneplácito de Dios, que te mandará al amor de tu vida.
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes – Noviazgo y sexualidad
¿Puede alguien decir que en verdad te quiere, poniéndote en riesgo? Riesgos físicos, emocionales, afectivos, espirituales…, riesgos para tu felicidad terrena y eterna. ¿De veras te querrá quien te presenta una falacia tan perniciosa?
Dijimos que la experiencia demuestra que el amor no se afianza ni se demuestra con las relaciones prematrimoniales. Luego de éstas, se pierde el misterio de la persona y queda tan sólo el placer de la carne. Dijimos que, si lo haces, te convertirás en algo ‘trivial’ para él. Habrás perdido tu ‘encanto’ de mujer, aquella intimidad que sería un atractivo sobreañadido y que ahora ha quedado al descubierto. No sabes si serás su esposa, pero por lo pronto te ha arrebatado un tesoro. ¿Será esto quererte bien?
Tu misterio de persona no ha trascendido, como debía, en la unión definitiva y en la apertura a nuevas vidas. Se quedó a nivel de lo físico, sin espíritu. Dijimos que por eso resulta frecuente que ese novio no vea con iguales ojos a la chica con la que se ha acostado, como si se hubiera vuelto indigna de ser amada en la totalidad de su ser corpóreo y espiritual. Entonces ella resulta aburrida para él. He oído de muchas jóvenes desconsoladas que, luego de tiempo de relaciones sexuales, oyen de sus antes enamorados novios: ‘me das flojera’.
Él sabe que con esa chica ya no tendrá la ilusión de ‘eso’ el día que estén unidos para siempre. ‘Eso’ habrá sido derrochado antes, anticipado. Sabe que ‘eso’ al fin y al cabo puede cambiarlo por otro ‘eso’, pues siempre habrá quien pueda proporcionarle un nuevo placer sexual, quizá más intenso que el que obtuvo con su novia.
Si persiste contigo, si continúan siendo novios, te quedará siempre la duda de que te quiera a ti, o simplemente que desee ‘eso’. Pues así como puede cambiarte por otro placer igual o mejor, no te querrá a ti, sino tendrá tan sólo el deseo de poseerte, de utilizarte. Y es que la persona es mucho más que placer, el placer no agota a la persona, no la reduce a sus propios límites. Ten la convicción de que vales mucho más de lo que puedes provocar a las terminales nerviosas del animal macho. Eso no es amor, sino genitalidad, egoísmo químicamente puro… aunque se disfrace con chantajes afectivos.
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes – Noviazgo y sexualidad
La experiencia dice que muchos novios que mantienen relaciones sexuales al final terminan por no casarse. En efecto, un empirismo razonable (es decir, algo fundado en cuestiones lógicas) lleva a afirmar que es fácil que los novios que mantienen relaciones sexuales prolongadas en su noviazgo (es decir, durante meses o años), no concluyan su noviazgo en matrimonio.
Es frecuente encontrar chicas que, luego de haberse entregado a su novio, vienen con el corazón destrozado (y destrozada también el alma), deshechas en llanto: es que ahora el novio les ha dicho que no está seguro de quererlas, que le den tiempo. Luego del tiempo, les dice que su cariño se ha apagado, y lo mejor es quedar como amigos. Se sonó las narices con el kleenex y ahora manda el kleenex al bote de la basura. El tipo se desencantó.
¿Por qué suele haber desencanto hacia sus novias en los novios que mantienen relaciones sexuales? Podemos encontrar algunas razones. No es que sean reglas generales, simplemente se trata, dijimos, de un empirismo razonable.
Una de ellas es que él podrá pensar: Si ésta me resultó fácil, ¿quién me asegura que no lo hará después con otro?
O podrá pensar también: ¿Casarme? Ya no tiene chiste. ¿Qué más podrá ofrecerme? Ya le saqué todo lo que podía.
O bien: ¿Esta? La verdad, ya me fastidió. Buscaré otras con mayores atractivos, quizá sólo por la emoción de lo desconocido.
O también podrá venírsele esta idea: No vale la pena. ¿Qué garantías de mujer puede darme la que me entregó su virginidad? Y peor aún si ya la traía perdida: Es una cualquiera, no vale la pena echarme el compromiso.
Si piensa en sus posibles hijas futuras, ¿le gustaría compararlas con una madre así?
Quizá se resuman las razones anteriores en lo que decía una muchacha bañada en llanto y gimiendo llena de tristeza: Primero me presionaba para hacer el amor y ahora dice que soy una p…
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes – Noviazgo y sexualidad








