Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen.

por Amor Seguro, A.C. el Febrero 15th, 2017

Evangelio según San Marcos 8,14-21.

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca.
Jesús les hacía esta recomendación: “Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”.
Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
Jesús se dio cuenta y les dijo: “¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?”. Ellos le respondieron: “Doce”. “Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?”. Ellos le respondieron: “Siete”. Entonces Jesús les dijo: “¿Todavía no comprenden?”.

Comentario del Evangelio por :
San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia
Subida del Monte Carmelo, II, 3

«¿Todavía no veis? ¿No acabáis de entender?

La fe dicen los teólogos que es un hábito del alma cierto y oscuro. Y la razón de ser hábito oscuro es porque hace creer verdades reveladas por el mismo Dios, las cuales son sobre toda luz natural y exceden todo humano entendimiento sin alguna proporción. De aquí es que, para el alma, esta excesiva luz que se le da de fe le es oscura tiniebla, porque lo más priva (y vence) lo menos, así como la luz del sol priva otras cualesquieras luces, de manera que no parezcan luces cuando ella luce, y vence nuestra potencia visiva, de manera que antes la ciega y priva de la vista que se le da, por cuanto su luz es muy desproporcionada y excesiva a la potencia visiva. Así, la luz de la fe, por su grande exceso, oprime y vence la del entendimiento…

Por otro ejemplo… Si a uno que nació ciego, el cual nunca vio color alguno, le estuviesen diciendo cómo es el color blanco o el amarillo, aunque más le dijesen, no entendería más así que así, porque nunca vio los tales colores ni sus semejanzas, para poder juzgar de ellos; solamente se le quedaría el nombre de ellos, porque aquello púdolo percibir con el oído; mas la forma y figura no, porque nunca la vio…. De esta manera es la fe para con el alma, que nos dice cosas que nunca vimos ni entendimos en sí ni en sus semejanzas, pues no la tienen. Y así, de ella no tenemos luz de ciencia natural, pues a ningún sentido es proporcionado lo que nos dice; pero sabémoslo por el oído, creyendo lo que nos enseña, sujetando y cegando nuestra luz natural. Porque, como dice San Pablo (Rm. 10, 17 ), «fides ex auditu», como si dijera: la fe no es ciencia que entra por ningún sentido, sino sólo es consentimiento del alma de lo que entra por el oído… Luego claro está que la fe es noche oscura para el alma, y de esta manera la da luz; y cuanto más la oscurece más luz la da de sí, porque cegando la (da) luz, según este dicho de Isaías (7,9).

Fuente:  EDD

Me encanta como San Juan de la Cruz se maravilla de la luz. La luz de la fe – que le permite ver y que sobrepasa lo que la luz de la vela, el entendimiento que le iluminaba para escribir le da… Él vivía lleno de la luz de Dios, de la Luz del Espíritu Santo que le permitía comprender la grandeza de la verdad escrita en Dios y toda su creación.

Cómo debemos de dejarnos amar para que como niños nos dejemos sorprender por Su luz que ilumina nuestras tinieblas.

Este Evangelio me llena de respuestas el corazón – porque una y otra vez – repito que el dolor más grande que llevo en el corazón, es ser testigo de quienes no ven y no escuchan… por la dureza en el corazón, provocada por las heridas que impiden que la gracia toque, sane, limpie, ilumine y permita descubrirse amados por el Amor mismo que en espera de un sí desde la libertad…

Dios entra y abre las ventanas de la luz de la verdad, las voces de esperanza que Dios da a todos sus hijos… sólo basta dejarse mirar, así en nuestra miseria y pequeñez para mirarescuchar para despertar y responder a la palabra que quiere ser voz para anunciar que nuestra único anhelo es dejarnos amar por el amado Esposo de nuestra alma: Cristo.

Que el Espíritu Santo nos enseñe a dejarnos amar… para comprender que Cristo es abundancia… y hace nuevas todas las cosas.

Flor de María

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