Pero el riesgo de contagio se reduce con el «sexo seguro», es decir, empleando preservativos
Dijimos que el único «sexo seguro» para los solteros es la castidad. Y cuando se acerque el momento de casarte, tu única seguridad sexual respecto a los contagios será que tú y tu novio se hayan mantenido castos, y que en el futuro los dos permanezcan fieles.
El segundo riesgo (en lo que a la parte puramente física se refiere) de tener sexo fuera del matrimonio monogámico son los contagios. Los otros riesgos son psíquicos y espirituales. Pero en la parte física, el contacto sexual puede ser fuente de transmisión de enfermedades. Aunque es una razón de menor importancia a las morales, afectivas o familiares, Dios cuenta con la salud que quiso darte para desarrollar tu proyecto de vida. Dejar que tu vigor y tu salud física se vayan por la coladera frustraría el proyecto de quien te creó.
¿Sabes cuántos días al mes eres fértil? Sí, de uno a tres, es decir, de 24 a 72 horas. ¿Sabes cuántos días al mes puedes contagiarte? Sí: treinta o treinta y uno, dependiendo. El espermatozoide es 450 veces más grande que el virus del sida, o VIH. En el punto que concluirá este párrafo, sí, en ese pequeño punto, caben 350 millones de virus de VIH. De los 350 millones de virus que caben en ese punto, bastará uno para contagiarte.
En un contacto sexual hay cuatro veces más probabilidades de contraer una enfermedad que de embarazarse.
Mucha gente piensa que usando el preservativo evitará tanto el embarazo como las enfermedades por contagio. En el primer caso, es decir, en lo que se refiere al embarazo, dijimos que el preservativo falla del 10 al 30% de los eventos. En lo referente a las enfermedades por contagio no hay datos, pues los síntomas de muchas de ellas aparecen bastante tiempo después de la relación que provocó el contagio. De modo que alguien puede pensar que está perfectamente sano mientras propaga cualquiera de esas enfermedades en sus encuentros sexuales.
A mediados del siglo XX se conocían cinco enfermedades de transmisión sexual; a principios del siglo XXI se conocen más de cincuenta. El uso de preservativos, pues, no elimina los riesgos de contagio. El látex, como cualquier otro material, no es completamente hermético, es decir, impermeable. Su estructura es una red formada de agujeros microscópicos. Su anchura es de 5 micras, lo cual resulta totalmente imperceptible para el ojo humano, pero lo bastante grande como para que el virus del sida pase por él. El virus del sida es aún mucho más imperceptible para el ojo humano y mucho más pequeño que el agujero microscópico del látex. El virus del sida pasa a través de un agujero de 1/10 de micra, lo mismo que los virus del papiloma humano o del herpes, que tienen un tamaño semejante.
Haciendo números, resulta que el tamaño del virus VIH es 50 veces menor que el agujero del látex. ¿No podrá trasmitirse esta infección aunque se utilicen preservativos? No hace ninguna falta que el preservativo se rompa para que la enfermedad se trasmita.
El caso del semen es distinto. El preservativo ofrece, en efecto, un poco más de protección física. Dijimos cuál es su porcentaje de falla (aunque estos estudios se hacen en un entorno controlado, en el que parejas monógamas utilizan los preservativos con grandísimo cuidado). El riesgo de embarazo entre adolescentes que han bebido alcohol y se unen en cualquier sitio es mucho mayor.
No estoy alentando a usar preservativos con objeto de evitar embarazos. El acto sexual, hecho con o sin preservativo, supone un gran riesgo: físico, psicológico y espiritual. Y, aunque reduzca los riesgos físicos, para nada reduce los espirituales y psicológicos. Tampoco estoy ofreciendo un elenco de posibilidades para ver cuál se elige. Intento tan sólo hacer ver que existe sólo un camino para que ese enorme regalo de Dios que es la sexualidad resulte una fuente de felicidad, y no un motivo de continua tribulación.
Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei
- La pureza de las jóvenes - Comprender la sexualidad, el amor y la vida
