Nov 12 15

Carta abierta de un católico homosexual a un sacerdote católico homosexual

por Amor Seguro, A.C.

No hay que abandonar la Iglesia, sino amarla, le dice Clément Borioli

Clément Borioli (izquierda, durante una manifestación por la familia) reza desde Lourdes por Krzysztof Charamsa (derecha).

Clément Borioli es uno de los referentes públicos de Homovox, asociación homosexual francesa que se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y ha apoyado en los últimos años las masivas movilizaciones de Manif pour Tous a favor de la familia.

Borioli es católico y acaba de dirigir una carta abierta a Krzysztof Charamsa, el sacerdote polaco que trabajaba en la Congregación para la Doctrina de la Fe y a principios de octubre anunció en un acto público su relación sentimental con un español, Eduard Planas.

No es la primera carta abierta que recibe el ex monseñor. También lo hizo Maurizio Patriciello, un sacerdote muy destacado en Italia por su lucha contra el negocio del enterramiento de residuos tóxicos dañinos para la salud. Don Maurizio le recordó, como hace Borioli, el compromiso adquirido el día de su ordenación sacerdotal.

Carta abierta de un católico homosexual a un sacerdote católico homosexual

Querido Krzysztof Charamsa,

Hermano,

Te estoy escribiendo desde Lourdes, donde rezo por ti a nuestra Madre de Misericordia. Debo decir que tu declaración pública de homosexualidad realmente me marcó. Como tu, yo soy un hombre católico que experimenta atracción homosexual, y por esta razón me gustaría responder a tu declaración pública.

Es verdad que “muchos católicos homosexuales sufren” ante el inmovilismo de la Iglesia respecto de ellos. Las líneas que hablan sobre la homosexualidad en el Catecismo de la Iglesia Católica no constituyen, en sí mismas, un programa pastoral. En esa atmósfera, es normal que, a veces, experimentemos “exclusión y estigmatización”.

Yo entiendo, en parte, la “homofobia” de algunos de nuestros hermanos católicos, porque no saben nada sobre la homosexualidad y mucho menos cómo comportarse ante una persona que se dice abiertamente “gay”. A veces, yo me siento como un marciano. Debemos reconocer, sin embargo, que las cosas están cambiando. En la Relatio Synodalis §76, los padres sinodales declaran: “Resérvese particular atención al acompañamiento de las familias donde viven personas homosexuales”. Percibimos que la Iglesia entendió que necesita implicarse en esta pastoral. En Francia, existe Courage et Encourage, que presta apoyo a las personas que experimentan la atracción por el mismo sexo, así como a sus familias, en el día a día para seguir a Cristo.

Clément, con el Papa Francisco: Barioli le pide a Charamsa que ame a la Iglesia en vez de abandonarla y pida ayuda para poder cumplir los compromisos que adquirió.

Todos nosotros debemos rechazar públicamente la violencia contra los homosexuales. No existe ninguna violencia que pueda ser justificada. Y si, entre nosotros, en la Iglesia, surge alguna violencia, empecemos pidiendo perdón a nuestro Padre misericordioso. No es abandonando la Iglesia como podremos curar esas heridas; es amándola. No debemos crear un cisma: una “Iglesia pro-gay” y una “Iglesia anti-gay”. Es necesario avanzar todos juntos, escuchándonos unos a otros, sin juzgarnos, si nuestro objetivo común es Cristo.

¿Podemos permanecer juntos?

La Iglesia no debe sólo proclamar la verdad: debe proclamarla con misericordia. Este Jubileo, que abre estas puertas, es una señal para todos. La Iglesia es nuestra madre, cuida de nosotros, nos muestra el Camino: Cristo. A veces, yo también tengo voluntad de romper el cordón umbilical que me liga a esta madre: “Mamá, ¡déjame en paz!”. Pero, entonces, miro a Jesús nuestro Dios que escuchó a su madre incluso a los 33 años. “No tienen vino…”.

La Iglesia es también la familia de todos, incluso de todos los que no pueden, con sus propias fuerzas, fundar una familia. No porque la Iglesia se lo prohíba, sino porque el derecho de un niño a crecer rodeado de un padre y una madre prevalece por encima de su padre y su madre. Y sabemos cuán difícil es, para un niño que no tiene un padre que le ama, comprender el amor de Dios Padre, así como es difícil, para el que no tiene madre, comprender el amor de la Iglesia. Lo que vivimos en esta tierra prefigura lo que viviremos en el cielo. Espero que los que experimentan el sano deseo de paternidad encuentren en la Iglesia a los hijos e hijas que pueden llevar hasta Jesús.

Tu respondiste a la llamada de Cristo al aceptar el sacerdocio ministerial. Entiendo que algunas de nuestras elecciones, a veces, parecen pesadas y difíciles de mantener. Pero pidamos, al menos, ayuda para vivir mejor nuestros compromisos. Sé que existen grupos de apoyo para sacerdotes que experimentan la atracción por el mismo sexo. Me entristece que no hayas encontrado ese apoyo y pido perdón por la Iglesia si no lo encontraste. Ahora que, para ti y para Eduardo, comienza un nuevo camino, pido al Señor que te guie en la nueva fase de tu vida.

Fraternalmente, por Maria a Jesús, Clément Borioli

Aleteia / ReL6 noviembre 2015

Jun 28 15

No soy Gay – Soy Hijo amado de DIOS, soy católico

por Amor Seguro, A.C.

No tengo palabras para poder agradecerle a mi hijo espiritual su valentía y fortaleza. Estoy segura que el siglo XXI será testigo de grandes santos que por su lucha y fidelidad en la verdad, vencerán a quien quiere arrebatarles lo que les pertenece:

Su identidad de hijos amados primero por Dios.

Esta hora es la hora de los hijos de la luz, no de las tinieblas.

Esta hora es la hora de la misericordia, no de la culpa.

Esta hora es la hora de la verdad, no de la mentira.

Seamos todos Iglesia y abracemos con amor a quienes necesitan verdad, bien, orden y amor.

Lorea

Esta carta me la solicitó la Sra. Lorea hace ya un rato pero me decidí esperarme el tiempo que sea para que Dios haga su trabajo. Nunca pensé que este día llegaría y entonces, Jesús hizo su labor redentora en mí.

¿Por dónde puedo empezar? Ojalá me sintiera en modo adecuado para darles mi nombre real, pero con los años he aprendido que todavía tenemos mucho trabajo por hacer. Así que me identificaré como el más pequeño de los hijos de la Iglesia y un muy amado hijo de ella.

He experimentado la atracción al mismo sexo, a la que nombraré a partir de ahora e igual ustedes lo harán como “AMS”, desde que era un niño de seis, siete años. Nunca fui violado, ni usurpado, ni herido físicamente. Lo que sí puedo decirles es que mi padre es bisexual. He aquí el inicio de todo. Vengo de un matrimonio nulo en donde mi padre, al que tanto amo, se casó engañando a mi madre.

Desde pequeño, me quedó claro que mi padre era demasiado homofóbico. Era castigado por él constantemente por no ser el “macho alfa” que él quería como hijo, porque él nunca lo fue. Mi padre me rechazó, me tenía miedo. Representaba lo que él quería ser y tener, pero que nunca pudo sentirse del todo y hasta el día de hoy todavía no ha logrado conseguirse uno: un hombre. Mi madre viene de una familia patriarcal, en donde ella buscaba complacer por todos sus medios a sus padres, de un modo particular al hombre que fue su padre y mi abuelo. Esto significaba que era bastante codependiente.

Con los años nació mi hermana y ella cumplió y hasta el día de hoy cumple todas las expectativas de mis padres. Con los años hemos aprendidos a llevarnos bien. Me quedó claro que yo no pertenecía a ese grupo. Rápidamente, se me hizo totalmente a un lado. Nunca me sentí parte de una familia y cuando la Iglesia me intentó acoger, mi padre la rechazó totalmente.

La atracción se fue haciendo más poderosa conforme los años. Mi adolescencia fue una lucha diaria. Estudié en un colegio católico donde lo que más aprendí es que yo estaba sucio, mal, desordenado y que por mi atracción me esperaba, si quería salvarme, debía aguantarme toda mi vida en una castidad porque Dios (en su divino capricho) me lo solicitaba así. Sin embargo, amaba más a Jesús de lo que esa vida me invitaba. Y decidí permanecer virgen ante los ojos de Dios esperando que Él me sanara o me indicara el camino. Con el tiempo, me hice amigo de algunos sacerdotes de buenas intenciones, pero machistas y homofóbicos. Me gustaría decir que ya ese estigma se les quitó… pero, varios de ellos siguen llenos de miedo y me ven como “el enemigo”… o alguien con “el que tienen que tener cuidado”. Suplicando a Dios que me sane, asistí a misa todos los domingos por más de cuatro años seguidos sin faltar ni una sola vez.

Con el tiempo, al llegar la universidad, decidí romper relación con estos sacerdotes para siempre. Y abandoné su grupo eclesial. Fueron dos años de sequedad espiritual, de pecado, de tristeza y de frialdad. Estudié en una universidad formada con este pensamiento religioso y la Sra. Lorea es testigo, fui discriminado, aplastado, burlado y herido por ser diferente. La peor parte es que nadie sabía mi situación, parecía muy normal y muy contento por afuera. Pero por dentro habían heridas. Los hijos de la Iglesia me hacían más daño y pude ver como en el supuesto nombre de Dios se hicieron grandes injusticias. En ese período, en un verano tuve la oportunidad. Yo era virgen y no dudé en aprovecharla. Me sentí muy feliz cuando dije “No” y cuando discutiendo con Dios le dije claramente: “Bueno, yo te dí mi palabra: seré virgen toda mi vida si Tú no me sanas”. Y no me rendí. Le volví a abrir la puerta. Me gradué y con honores. Soy uno de los pocos egresados de mi carrera que ejerce y es de los intelectuales. De hecho, conozco a algunos de ustedes que asistieron a este curso.

Estudié mucho a Benedicto XVI y un día, cuando fui a una fiesta uno de mis amigos me contó sus hazañas poco adecuadas a las ojos de Dios y ese día, algo dentro de mí se movió. Jesús estaba sacando un bien del mal moral que mi amigo hizo. Era además Domingo de Pentecostés. Me confesé y entonces, empecé mi proceso de sanación. Lorea y su esposo Sergio leyeron mi carta y asistí al curso de Teología del Cuerpo. Ese tema ha sanado mi vida. Y pude perdonar a esos sacerdotes. Uno de ellos me confesó y mientras lloraba… él lloró conmigo. En pocas palabras hizo lo que el Buen Pastor hace: cargar a las ovejas sobre sus hombros.

Ya han pasado más o menos tres años desde aquel providencial y hermoso verano en ese curso. Ha sido un largo trabajo. Sigo virgen y estoy sanando. Jesús me está sanando. Me permite amarlo y entregarme a Él. Ya le empecé a pedir por una esposa.

Quisiera reflexionar unas cosas con ustedes:

1. Nadie nace siendo homosexual

Existen predisposiciones. Tengo un padre y una tía en esa situación. Pero igual les puedo decir que necesitamos de su amor, no de su lástima.

2. La Iglesia debe ser un lugar de acogida

Dejen de sacarnos de ella. Todo aquel que ama a Jesús querrá dejarse llevar por su ejemplo y su Divinidad y dejará esa vida. Pero si ustedes nos señalan y nos acusan… prepárense para ser juzgados con eso el día de su muerte. Muchachos, yo me alejé de la Iglesia por eso. Iba a misa y todo, pero me sentía fuera de ella.

3. Dejen de vernos como cosas extrañas y raras

La homosexualidad no es en sí misma una enfermedad. Es un síntoma de una ausencia afectiva. Dejen de vernos como personas raras o algo. Nosotros tenemos talentos y dones únicos. Dejen de asociar las artes o ciertos deportes con hombres y mujeres a medias. Es serio esto, necesitamos amor y amistad; no lástima. Así que como cristianos no tenemos permitido aplaudir el aborto, los actos homosexuales, el mal llamado “matrimonio gay”, la eutanasia, etc.

4. Sean nuestros amigos

Créanme, aunque en ocasiones puedan haber una ligera pizca de atracción. Es lo mismo que ustedes sienten con una amiga… les atrae, pero la aman más de lo que les atrae y velarán por ella. Así es, no tengan miedo de abrazarlos, de tocarnos y de jugar con nosotros. Nos sanan cuando hacen eso, nos dan una oportunidad y nos permiten amar y ser amados. Nos hacen sentir completos otra vez.

5. Hagan oración

Ayúdennos a ser santos. Eso significa que deben hacer oración por nosotros y con nosotros. No somos una Iglesia paralela, todos somos hijos de ella.

6. El pecado original nos golpea a todos

Y la AMS es una forma de esos golpes. Así como ustedes sanaron algunos de sus pecados; nosotros igual.

Así pues, estoy sanando. Gracias al amor de Jesús, de su esposa la Iglesia y de mis amigos. Necesito que ustedes entiendan algo: somos hombres y mujeres tan normales como ustedes.

Hace más o menos un año, el verano pasado conocí unos monjes exorcistas. Pero no me armé de valor hasta hace un tiempo. Desde entonces, acompaño a un amigo a ayudar a liberar posesos. Mi amigo es profesor y fue seminarista unos años. Actualmente es profesor de filosofía, historia y psicología y ha sido un faro en mi proceso. Nunca me ha dejado sólo y es feliz. No me tiene miedo, me acepta como soy y me motiva a sanarme. ¡Soy feliz!

Hace un tiempo, él me compartió un pasaje de la Escritura del libro del Apocalipsis. Ese pasaje corresponde a cuando Juan promete que “ya no habrá dolor, ni sufrimiento, ni pena, ni lágrimas porque todo lo antiguo ya pasó” y agrega “Y aquel que estaba en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’”. Se ha vuelto el favorito de los dos. Viendo como él se ha vuelto mi amigo y me comparte lo que le duele o cuando tiene dificultades me queda claro que también sufre por el pecado original y aunque es diferente, nadie está sólo para sanar el corazón.

Hace unos días, decidí aventurarme sólo a visitar a mi amigo el monje exorcista. Hablando con él, me dijo que él creía firmemente que Jesús ya me había sanado. Que mi oración había sido escuchada. Yo igual lo creo así. Mi terapeuta me dice que nunca he tenido AMS… que sólo habido una tendencia porque no pude aprender otra cosa. Yo igual lo creo. Estoy sanado, sólo necesito creerlo ahora sí.

En la tarde, junto con mis amigos y los que me acompañan pude ver como el demonio dentro del cuerpo de un poseso terminó arrodillado frente a una imagen de María suplicándole que le pise la cabeza y recordé la promesa de Dios a Adán donde aclara que la descendencia de Eva le pisaría la cabeza y sólo asecharía nuestro talón. Somos hijos de Eva, y de la Nueva Eva, también nosotros tenemos ese poder. ¡No duden en ejercerlo!

Esa noche, hice lo mismo que los monjes. Me postré ante la Eucaristía. Le dí las gracias y le pido para que no permita dejarme llevar por las mentiras del diablo. Ese tipo es un mentiroso que primero hace una herida y te hace creer que te has revolcado en el pecado y que le pertenece. ¡Lo venceré, venceré este mal con la ayuda de Dios y el triunfo será nuestro!

Finalmente, después del suplicio de leer esta carta les motivo a que sean Iglesia y que nos apoyen. Que nos permitan tener a Jesús en nuestro corazón. No nos cierren la puerta. Jamás. Sean como Lorea, ese profesor, el Papa y los buenos sacerdotes que han sido una luna que refleja a nuestro Sol de Justicia. Hace poco, el Papa me respondió una carta animándome a seguir. ¿Y saben qué? Me casaré y tendré una familia con hijos y seré como mi gran patrono: el señor San José. Y serviré a la Esposa de Jesús toda mi vida.

Hay una oración con la que concluyo:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del Maligno. Reprímale Dios, pedimos suplicantes y tú, Jefe de la Milicia Celestial arroja al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que vayan por el mundo para la perdición de las almas.

Amén.

No puedes dejar de entrar a: Un excelente primer paso… La Iglesia, ¿qué dice sobre la homosexualidad?, en este mismo Blog. Ahí podrás ver un video extraordinario THE THIRD WAY, que debe difundirse por todas las redes sociales de quienes creemos amamos y esperamos en Cristo que hace nuevas todas las cosas.



Jun 8 15

Todo sacerdote debería llevar alzacuellos

por Amor Seguro, A.C.

Las 23 razones de un mariólogo y un canonista por las que todo sacerdote debería llevar alzacuellos.

Mi hijo me envía este maravilloso texto – que publica Análisis y actualidad el 1 de junio, 2015. Me hizo recordar, la primera vez que caminamos con el por la calle con el distintivo, como familia experimentamos lo que provoca – la distinción que lo distingue de los demás – le dije: “Desde ahora ya no eres tú por la calle, ¡expresas y representas a la esposa de Cristo, su amada Iglesia católica!”.

Monseñor Charles M. Mangan, ordenado en 1989, es un mariólogo y escritor espiritual de la diócesis de Sioux Falls, ha ejercido como defensor del vínculo y trabajó ocho años en Roma en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica.

Gerald E. Murray, ordenado en 1984, fue capellán naval y es doctor en Derecho Canónico, juez eclesiástico y párroco en la archidiócesis de Nueva York, ademas de comentarista de la actualidad religiosa en prensa escrita y digital, radio y televisión.

Juntos escribieron un artículo titulado Por qué un sacerdote debería llevar alzacuellos que fue publicado en la prestigiosa revista Homiletic & Pastoral Review, que desde hace más de siglo y medio ayuda a los sacerdotes norteamericanos a preparar y orientar su trabajo pastoral y sus homilías. Lo tomamos tal como lo reproduce, en su inglés original, Cristianesimo Cattolico.

Por qué un sacerdote debería llevar alzacuellos

1. El alzacuellos es un signo de la consagración sacerdotal al Señor. Así como el anillo identifica a marido y mujer y simboliza su unión, el alzacuellos identifica a obispos y sacerdotes (y a menudo a diáconos y seminaristas) y manifiesta su proximidad al Divino Maestro en virtud de su libre consentimiento al ministerio ordenado al cual han sido (o pueden ser) llamados.

2. Llevando alzacuellos y no poseyendo demasiados trajes, el sacerdote demuestra que se adhiere al ejemplo de pobreza material de Señor. El sacerdote no elige su indumentaria: es la Iglesia quien lo hace en virtud de su sabiduría dos veces milenaria. La humilde aceptación del deseo de la Iglesia de que el sacerdote lleve alzacuellos ilustra su saludable sumisión a la autoridad y su conformidad con la voluntad de Cristo expresada a través de su Iglesia.

3. La ley de la Iglesia exige a los clérigos llevar hábito clerical. Lo dice el número 61 del Directorio para Sacerdotes, que remite al canon 284.

4. Que se lleve alzacuellos es el deseo reiterado y ardiente del Papa Juan Pablo II. Este deseo del Santo Padre no puede dejarse de lado sin más: él habla con un carisma especial. Con frecuencia recuerda a los sacerdotes el valor de llevar alzacuellos. En unacarta del 8 de septiembre de 1982 al cardenal Ugo Poletti, su vicario para la diócesis de Roma, en la que le instruye sobre las normas que deben promulgarse sobre el uso del alzacuellos y el hábito religioso, el Pontífice observa que el hábito clerical tiene valor “no sólo porque contribuye al decoro del sacerdote en su comportamiento externo o en el ejercicio de su ministerio, sino por encima de todo porque evidencia en el seno de la comunidad eclesiástica el testimonio público que todo sacerdote debe dar de su propia identidad y su especial pertenencia a Dios”.

Juan Pablo II en Valencia (España), donde el 8 de noviembre de 1982 ordenó sacerdotes a 141 diáconos.

En una homilía del 8 de noviembre de 1982 el Papa se dirigió a un grupo de diáconos a quienes iba a ordenar sacerdotes. Dijo que si intentaban ser como uno más en su “estilo de vida” o en su “modo de vestir”, entonces su misión como sacerdotes de Jesucristo no se realizaría del todo.

5. El alzacuellos evita “mensajes equívocos”: las intenciones del sacerdote serán reconocibles cuando se encuentre en lo que podrían parecer circunstancias comprometedoras. Supongamos que a un sacerdote se le pide que visite pastoralmente casas de una zona donde se han impuesto el tráfico de drogas y la prostitución. El alzacuellos lanza un claro mensaje a todos de que el sacerdote ha venido para ejercer su función con los pobres y necesitados en nombre de Cristo. Un sacerdote que, siendo conocido por el vecindario, visite esas casas vestido de laico puede disparar chismorreos ociosos.

6. El alzacuellos anima a los demás a evitar la inmodestia en el vestir, el hablar y el actuar, y les recuerda la necesidad del decoro público. Un sacerdote serio, pero alegre y diligente, puede impulsar a otros a meditar sobre la forma en la que se conducen. El alzacuellos sirve como un desafío necesario en una época que se ahoga en la impureza, exhibida mediante vestidos sugerentes, lenguaje blasfemo y acciones escandalosas.

7. El alzacuellos protege la propia vocación al tratar con mujeres jóvenes y atractivas. Un sacerdote sin alzacuellos (y que, naturalmente, tampoco lleva anillo de casado) puede resultar un apetecible objeto de atenciones por parte de una mujer soltera que busca marido o de una mujer casada tentada por la infidelidad.

8. El alzacuellos es un buen “guardaespaldas” de uno mismo. El alzacuellos le recuerda al mismo sacerdote su misión e identidad: dar testimonio de Jesucristo, el Gran Sacerdote, en cuanto uno de sus hermanos-sacerdotes.

9. Un sacerdote con alzacuellos inspira a otros a pensar: “He aquí un discípulo actual de Jesús”. El alzacuellos habla de la posibilidad de hacer un compromiso sincero y eterno con Dios. Los creyentes de diferentes edades, nacionalidades y temperamentos observarán la vida virtuosa y centrada en los demás de ese hombre que viste con propiedad y orgullo los hábitos de sacerdote católico, y quizá comprenderán que también ellos pueden consagrarse de nuevo, o por primera vez, al Buen Pastor que les ama.

10. El alzacuellos es una beneficiosa fuente de curiosidad para los no católicos. La mayor parte de los no católicos carecen de experiencia en el trato con ministros que lleven hábito talar. Por tanto, los sacerdotes católicos, con su indumentaria, pueden hacerles reflexionar (siquiera sea fugazmente) sobre la Iglesia y lo que implica.

11. Un sacerdote vestido como quiere la Iglesia es un recordatorio de Dios y de lo sagrado. A la ciénaga laicista dominante no le agradan las imágenes que remiten al Creador, a la Iglesia, etc. Cuando uno lleva alzacuellos, los corazones y las mentes de los demás se refrescan elevándose hasta el “Ser Supremo”, normalmente  relegado a una escueta nota a pie de página en la agenda de la cultura contemporánea.

12. El alzacuellos recuerda también al sacerdote que “nunca deja de ser sacerdote”. Con tanta confusión como hay hoy, el alzacuellos puede ayudar al sacerdote a evitar las dudas interiores sobre quién es. Dos formas de vestir pueden conducir (y a menudo lo hacen) a dos estilos de vida, e incluso a dos personalidades.

13. Un sacerdote con alzacuellos es un mensaje vocacional andante. Ver a un sacerdote alegre y feliz caminando tranquilamente por la calle puede ser un imán que atraiga a los jóvenes a considerar la posibilidad de que Dios les esté llamando al sacerdocio. Dios hace la llamada; el sacerdote es simplemente un signo visible que Dios utilizará para atraer a los hombres a Sí.

14. El alzacuellos coloca al sacerdote en situación de disponibilidad para los sacramentos, especialmente la confesión y la extremaunción y en situaciones de crisis. Justo porque el alzacuellos permite una identificación inmediata, los sacerdotes que lo llevan se hacen a sí mismos más aptos para que se les aproxime la gente, en particular cuando más seriamente se les necesita. Los autores de este artículo podemos dar testimonio de que se nos han pedido los sacramentos y la asistencia en aeropuertos o tanto en ciudades populosas como pueblos aislados, sólo porque fuimos reconocidos inmediatamente como sacerdotes católicos.

15. El alzacuellos es un signo de que el sacerdote se esfuerza por ser santo viviendo siempre su vocación. Es un sacrificio estar constantemente disponible para las almas siendo públicamente identificable como sacerdote. Pero es un sacrificio agradable a Nuestro Señor. Nos recuerda cómo el pueblo acudía a Él, y cómo Él nunca les daba la espalda. ¡Hay tanta gente que se beneficiará del sacrificio que hacemos al esforzarnos por ser santos sacerdotes sin interrupción!

16. El alzacuellos sirve como recordatorio a los católicos “alejados” para que no olviden su situación irregular y sus responsabilidades con el Señor. Para lo bueno y para lo malo, el sacerdote es un testigo de Cristo y de su Santa Iglesia. Cuando un “alejado” ve un sacerdote, se le anima a recordar que la Iglesia sigue existiendo. Un sacerdote alegre supone un saludable recordatorio de la Iglesia.

17. A veces, en particular cuando hace calor, llevar alzacuellos es un sacrificio. Las mejores mortificaciones son las que uno no busca. Sobrellevar las incomodidades del calor y la humedad puede servir como maravillosa expiación de nuestros pecados, y como medio para obtener gracias para nuestros parroquianos.

18. El alzacuellos sirve como “signo de contradicción” en un mundo perdido en el pecado y en la rebelión contra el Creador. El alzacuellos implica una poderosa afirmación: que el sacerdote, como alter Christus [otro Cristo], ha aceptado el mandato del Redentor de llevar el Evangelio a la plaza pública, sin importar el coste personal.

19. El alzacuellos ayuda a los sacerdotes a evitar la mentalidad “de guardia/de permiso” en el servicio sacerdotal. Los números 24 y 7 deben ser nuestros números característicos: somos sacerdotes 24 horas al día, 7 días a la semana. Somos sacerdotes, no hombres dedicados a una “profesión sacerdotal”. De guardia o de permiso, debemos estar disponibles a quienquiera que Dios ponga en nuestro camino. Con la oveja perdida no se puede programar una cita.

20. Los “oficiales” del ejército de Cristo deben identificarse como tales. Tradicionalmente, se nos insiste en que quienes reciben el sacramento de la confirmación se convierten en “soldados” de Cristo, católicos adultos preparados y dispuestos a defender su nombre y su Iglesia. Quienes se ordenan como diáconos, sacerdotes y obispos deben también prepararse -cada uno en su ámbito- a pastorear el rebaño del Señor. Los sacerdotes que llevan alzacuellos llevan adelante su inequívoco papel como líderes en la Iglesia.

21. Los santos nunca han aprobado que se le quite importancia a las vestiduras sacerdotales. Por ejemplo, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), santo patrono de los teólogos morales y de los confesores, en su estimado tratado La dignidad y santidad sacerdotal, urge a llevar hábito talar apropiado, afirmando que el alzacuellos ayuda tanto al sacerdote como a los fieles a recordar el sublime esplendor del estado sacerdotal instituido por el Dios-Hombre.

22. La mayor parte de los católicos esperan que sus sacerdotes vistan como tales. Los sacerdotes siempre han hecho sentirse cómodo y seguro a su pueblo. De niños, a los católicos se les enseña que el sacerdote es el representante de Dios, alguien en quien pueden confiar. Por tanto, el Pueblo de Dios quiere saber quiénes son esos representantes y qué representan. La preciada costumbre de llevar un traje distinguible ha sido sancionada durante siglos por la Iglesia; no es una imposición arbitraria. Los católicos esperan de sus sacerdotes que se vistan como sacerdotes y se comporten en armonía con las enseñanzas y las prácticas de la Iglesia. Como hemos observado dolorosamente en los últimos años, a los fieles les molesta y hiere especialmente cuando los sacerdotes desafían a la legítima autoridad de la Iglesia y enseñan o actúan de forma inapropiada o incluso pecaminosa.

23. Tu vida no es tuya; perteneces a Dios de una forma especial, has sido enviado a servirle con tu vida. Cuando nos despertamos cada mañana, debemos dirigir nuestros pensamientos a nuestro amado Dios, y pedir la gracia de servirle bien ese día. Al ponernosla prenda que proclama a todos que Dios aún actúa en este mundo a través del ministerio de hombres pobres y pecadores, nos recordamos a nosotros mismos nuestro estatus de servidores a quienes Él ha elegido.

Traducción de Carmelo López-Arias.

May 21 15

No es ficción: Un demonio bíblico es especialista en atacar a la familia

por Amor Seguro, A.C.

ROMA, 16 May. 15 / 04:15 pm (ACI).- Hay un demonio especializado en atacar a la familia, afirmó el exorcista César Truqui, sacerdote que participó en el reciente curso sobre exorcismo realizado en Roma (Italia), quien advirtió que todo lo que afecte a la familia –entre ellas el divorcio-, son agradables al diablo.

En declaraciones al semanario italiano Tempi, el sacerdote afirmó que hay “un demonio especializado en el ataque a la familia, citado también en la historia de Tobías, se llama ‘Asmodeo’” -que mató a siete maridos a Sara y que fue encadenado en el desierto por San Rafael-, y que “se hace presente” en muchos exorcismos.

A este demonio, indicó, “lo recuerdo en aquellos exorcismos del P. Gabriele Amorth y del P. Francesco Bamonte, a quien asistí”. Recuerdo “una pareja de jóvenes muy unida que quería casarse, no obstante ella debiese someterse a un exorcismo para ser liberada”.

Durante el exorcismo “el demonio estaba furioso y conminaba al P. Amorth de impedir el matrimonio, de lo contrario mataría a la joven. Obviamente –señaló- era una amenaza del mentiroso que de hecho no ocurrió”.

En ese sentido, el sacerdote añadió que el diablo también busca atacar a la familia a través de las ideologías y de los estilos de vida y pensamiento individualistas que han seducido a la sociedad, y entre los cuales se encuentra la difusión del divorcio.

“Se cree que ‘si no me gusta más mi marido, el divorcio me hará estar mejor’”, pero “olvidan las consecuencias sobre los hijos y la sociedad. Esta mentalidad contraria a la familia es agradable al diablo: él sabe que un hombre solo y sin puntos de referencia es manipulable e inestable”, afirmó

“Aún hoy, que tengo más de 50 años, solo pensando que mi madre y mi padre se aman para siempre, encuentro alivio y coraje. Al contrario, los hijos de los padres separados son más frágiles e indecisos”, advirtió.

Estas palabras son respaldadas por el discurso que el Papa Francisco dio a la Renovación Carismática en junio del año pasado, en el cual señaló que el demonio busca destruir a las familias porque es allí donde Jesús crece, en medio del amor de los cónyuges y en la vida de los hijos.

“Crece en el amor de los cónyuges, crece en la vida de los hijos. Y por esto el enemigo ataca tanto a la familia. El demonio no la quiere. Busca destruirla, busca que el amor no esté allí”, advirtió en el estadio olímpico de Roma ante 52.000 personas.

Ese día, el Papa Francisco recordó que “las familias son estas iglesias domésticas. Los esposos son pecadores, como todos, pero quieren ir adelante en la fe, en su fecundidad, en los hijos y en la fe de los hijos”.

Por ello, pidió al Señor que “bendiga a la familia, la haga fuerte, en esta crisis en la que el diablo quiere destruirla”.

May 11 15

16 excusas para no confesarse, ¡Respondidas!

por Amor Seguro, A.C.

Benedicto XVI nos decía que: “Existe un vínculo estrecho entre la santidad y el sacramento de la reconciliación. La conversión real del corazón, que es abrirse a la acción transformadora y renovadora de Dios, es el «motor» de toda reforma y se traduce en una verdadera fuerza evangelizadora. En la Confesión el pecador arrepentido, por la acción gratuita de la misericordia divina, es justificado, perdonado y santificado; abandona el hombre viejo para revestirse del hombre nuevo. Sólo quien se ha dejado renovar profundamente por la gracia divina puede llevar en sí mismo, y por lo tanto anunciar, la novedad del Evangelio.” (Discurso a los participantes en el curso de la Penitenciaria apostólica sobre el fuero interno, el 9.III.2012)

Muchas veces por temor, vergüenza o por influencias del mundo que nos dice que no necesitamos a Dios, dejamos pasar o tratamos de no darle importancia a un sacramento tan bello y lleno de misericordia como es el de la Reconciliación. Este sacramento nos abre las puertas a ser partícipes del banquete de la Eucaristía y revestirnos de la santidad y gracia que Dios nos regala.

Les dejamos esta galería para que ¡saquemos de nuestra vida estas excusas, vayamos corriendo al encuentro del Señor y ayudemos a otros a hacerlo!

1. Me da vergüenza que me miren en la fila de la confesión:

«Incluso la vergüenza es buena, es salud tener un poco de vergüenza, porque avergonzarse es saludable. Cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un «sinvergüenza». Pero incluso la vergüenza hace bien, porque nos hace humildes, y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios perdona […] No tener miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse, siente todas estas cosas, incluso la vergüenza, pero después, cuando termina la Confesión sale libre, grande, hermoso, perdonado, blanco, feliz. ¡Esto es lo hermoso de la Confesión!» (Papa Francisco, Audiencia General, 19 de febrero de 2014)

2. No me siento perdonado cuando me confieso:

Hay una formula teológica en latín que suena complicada, pero en verdad es sencilla. Dice así: los sacramentos actúan “ex opere operato”. Si lo traduce literalmente la frase quedaría así, “los sacramentos actúan con el trabajo que se realiza”. Claro como el agua, ¿no? En otras palabras, si se realizan en “buena ley” la eficacia de los sacramentos no falla. Es decir, si se celebran correctamente, los sacramentos tienen una fuerza tal, que por gracia divina realizan aquello que dicen, independientemente del estado de ánimo o de gracia de la persona que lo realiza (no depende ni de la santidad del sacerdote ni de la mía, ni de cómo nos sentimos en ese momento). Claro está, que mientras mejor es mi disposición interior, mayor serán los efectos de aquella gracia recibida en mi vida.

3. Ese sacerdote siempre me reta, es muy exagerado:

El orgullo entre otras cosas genera una alta sensibilidad y susceptibilidad ante todo lo que tenga que ver con nuestra persona, especialmente en lo que se refiere a nuestros defectos y errores. En algunos casos incluso llega a crear una serie de complejos, delirios de persecución, y agresividad contra quienes nos cuestionan en dicho ámbito. Teniendo esto en cuenta, pregúntese con humildad ¿No será más bien que yo estoy siendo orgulloso y le echo la culpa al cura porque me duele aceptar mis pecados? Si no fuese este el caso, entonces pregúntese ¿Quizá Dios se vale de este curita gruñón para hacerme crecer en humildad? Si tampoco este es el caso, entonces busque un sacerdote más calmado, y rece mucho por aquel a quien no le tiene mucha estima.

4. No me gusta el sacerdote, no me escucha:

Hable con el sacerdote si puede, dígale lo que piensa con caridad, explíquele su situación. Si no, busque otro sacerdote. Y sobre todo rece mucho para Dios mande cada vez más sacerdotes atentos, pacientes… santos.

5. Yo me confieso directamente con Dios:

Si esto es verdad, entonces vaya a confesarse. Pues este sacramento es la vía más segura para confesarse directamente con Dios. Si no está convencido, revise que entiende usted por directo e indirecto. A mí al menos, cuando quiero hablar directamente con alguien, no me basta solo con entablar un diálogo interior y espiritual. Me gusta ir a ver a la persona y conversar cara a cara. Soy más como esos griegos que le dicen a Felipe: “Señor, queremos ver a Jesús”. Hay un impulso, un deseo profundo e irresistible que me arrastra a buscar el contacto; a querer ver, escuchar, tocar. Dios sabe perfectamente cuánto necesitamos esta certeza concreta y física. Por eso el Logos se hizo carne y habitó entre nosotros. Por eso también instituyó los sacramentos, como mediaciones visibles, concretas, tangibles, encarnadas… para acceder a las gracias invisibles. Esto son los verdaderos diá-logos directos. Así es, es tiempo de revisar las definiciones.

6. Hay mucha fila, me da pereza esperar:

Respondo con un proverbio y una cita. Dice el Proverbio: «He pasado junto al campo de un perezoso, y junto a la viña de un hombre insensato, y estaba todo invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba derruida. Al verlo, medité en mi corazón, al contemplarlo aprendí la lección: Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados y llegará, como vagabundo, tu miseria y como un mendigo tu pobreza» (Pr 24,30-34). Dice la cita: «Si por pereza dejas de poner los medios necesarios para alcanzar la humildad, te sentirás pesaroso, inquieto, descontento, y harás la vida imposible a ti mismo y quizá también a los demás y, lo que más importa, correrás gran peligro de perderte eternamente».  (J.Pecci –León XIII -, Práctica de la humildad, 49). Mejor haga la fila.

7. No he matado, no he robado y soy bueno:

No he matado, no he robado, soy bueno: Aquí se aplica el “efecto socrático”. Me explico: Sócrates cuando recibió el oráculo en el templo de Delfos que lo proclamaba el hombre más sabio de Atenas, no lo podría creer. Él no podía ser más sabio que los hombres más cultos de su época (que bien conocía). Entonces se paseó por la polis tratando de desmentir el oráculo de la Pitonisa. Lo paradójico fue que al aceptar su ignorancia y los límites de su sabiduría comenzó a formular una serie de preguntas tan incisivas que acabaron por convertirlo en el más sabio entre sus pares. Salvando las distancias del caso, a los santos les pasa algo semejante. A ellos les parece tan increíble que la gente los considere santos, que van por el mundo desmintiendo los oráculos. Han percibido con tal sensibilidad el amor de Dios, que se experimentan siempre en falta. Pero mientras más confiesan su pecado y los límites de su amor, más se abren a la misericordia de Dios, y así irónicamente más confirman y afianzan su santidad. Por el contrario, quien se cree bueno sufre del “efecto farisaico”, y comete el pecado más terrible: la soberbia de sentirse justificado. Si usted sufre de este efecto preocúpese, porque es inversamente proporcional.

8. Escuchar misa, eso sí es importante:

Dejo que Jesús le responda: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre» (Jn6 56-58). Usted replicará: «Está bien, entonces no solo escucharé la misa, comeré también del pan que da Vida Eterna». Dejo que San Pablo le responda: «Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo» (I Cor 11, 27-29). Ya sabe entonces: no solo vaya a escuchar, es importante comulgar, y para comulgar, los pecados hay que confesar.

9. Lo haré cuando esté realmente arrepentido:

Esta afirmación es en parte correcta. La confesión requiere del arrepentimiento auténtico para que sea fructuosa. En todo caso sería bueno que se esfuerce y se proponga alcanzarlo lo antes posible. ¿Cómo? Rece más, lea la Biblia, medite más y haga un profundo examen de conciencia. ¿Por qué? Porque la vida pasa y todos necesitamos arrepentirnos para poder pedir con sinceridad perdón, y pedir perdón es fundamental para poder convertirnos; y convertirnos, para llegar al cielo. «No te desesperes – decía San Agustín- se te ha prometido el perdón -Gracias a Dios por estas promesas –respondía otro– a ellas me atengo. «Ahora, pues, vive bien –replicaba este– Mañana viviré bien- el otro contestó: Te ha prometido Dios el perdón, pero el día de mañana nadie te lo ha prometido» (San Agustín, Comentario sobre el salmo 101).

10. No tengo tiempo, mejor comulgo y luego me confieso:

Lo decíamos en otro punto. Si realmente no ha podido confesarse por motivos de fuerza mayor (no valen argumentos como “no alcancé porque estaba viendo el partido de fútbol”) y realiza una contrición perfecta, usted podría comulgar. Lo dice el Catecismo en el 1452. Ahora bien, obtiene el perdón de los pecados mortales con esta contrición, bajo una condición importante: «si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677)». Esto quiere decir, que al final de la misa debe buscar al sacerdote para pedir la confesión (o lo antes posible). Si no es esta su intención, pone en cuestión la perfección de su contrición y por lo mismo el perdón de los pecados mortales cometidos. En todo no es muy aconsejable aprovecharse de esta posibilidad, pues es muy difícil tener la certeza de la perfección de la contrición. Vaya por lo seguro. Llegue a tiempo y confiésese con tranquilidad. No se arriesgue. Recuerde también de las palabras de San Pablo: «Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo» (I Cor 11, 27-29).

11. Con las oraciones que hago diario, los sacrificios, las obras de caridad, se me perdonan los pecados:

Esto es verdad. Lo dice la Biblia: «el amor cubre multitud de pecados» (1Pe 4,8). Y lo confirma el Catecismo en el número 1452: «La contrición cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas se llama “contrición perfecta”(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas». Sin embargo, la Biblia también dice: «Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a quienes se los retengan, les quedarán retenidos» (Jn. 20, 22-23). Y el Catecismo continúa diciendo: «semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677).». No se debe oponer una verdad con la otra. Ambas deben ser integradas. La confesión no es una imposición externa o una cuestión opcional, es más bien el regalo que nos hace Dios para “concretar” con seguridad esa experiencia de misericordia que hemos recibido. Es muy difícil estar seguros de haber hecho una contrición perfecta, y por eso Dios nos regala maneras para confirmarla. Es poco aconsejable comulgar sin tener certeza del perdón. De hecho quien pudiendolo confirmar a través de las mediaciones seguras, prefiriese no hacerlo, por considerarlas innecesarias, pone en cuestión al mismo Dios e ipso facto pone en cuestión la perfección de su contrición.

12. No me confieso con un pecador, él no puede perdonarme:

Cuando el sacerdote dice “Yo te absuelvo” ocurre un gran milagro. Sucede lo mismo que cuando dice: “este es mi Cuerpo”. No es el Cuerpo del sacerdote. Sépalo usted, allí quien habla ya no es solo el sacerdote. Ese “Yo” que usted escucha es la voz del mismo Cristo. Sí, es una voz que viene desde lo más alto de los cielos y desde las profundidades del corazón. Qué no la engañen sus sentidos. Ese “Yo” le pertenece a Cristo. Es difícil de creer, pero es la pura verdad. A usted quien lo perdona es Cristo, cierto, a través del sacerdote.

13. No lo necesito, soy consciente de mis errores y puedo corregirlos solo:

Habría que distinguir. Mejorar sus errores es una cosa, perdonar sus pecados es otra. Sobre lo primero tiene usted razón. Puede y debe mejorar sus errores. Eso sí, no diría solo, porque la gracia de Dios es siempre necesaria. Sobre lo segundo en cambio se equivoca. Si se trata de pecados, la confesión es imprescindible. Solo Dios perdona los pecados. Esta potente verdad fue uno de los motivos de la conversión de Chesterton, que decía con gran lucidez: «Cuando la gente me pregunta a mí o a cualquier otro ¿Por qué te uniste a la Iglesia de Roma?, la primera respuesta esencial, aunque sea en parte incompleta es: “para librarme de mis pecados”. Porque no hay ningún otro sistema religioso que declare verdaderamente que libra a la gente de los pecados. (…) El sacramento de la penitencia da una vida nueva, y reconcilia al hombre con todo lo que vive: pero no como lo hacen los optimistas y los predicadores paganos de la felicidad. El don viene dado a un precio y condicionado a la confesión. He encontrado una religión que osa descender conmigo a las profundidades de mí mismo”»

14. Dios no me va a perdonar:

Es cierto. Dios no lo va a poder perdonar si sigue creyendo que no lo va a perdonar. La misericordia de Dios llama con insistencia, pero jamás bota abajo la puerta. Pruebe usted mejor a cambiar de idea. Repita conmigo: “Dios sí que me va a perdonar. Dios quiere, puede y me va a perdonar. Dios es infinitamente misericordioso”. Es cierto. Dios ahora la va a perdonar, sin importar lo que haya hecho. Dios no se cansa de perdonarlo. Dios es siempre fiel y llama todo el tiempo a nuestra puerta. Somos nosotros los que por desconfianza, vergüenza, falsa autocompasión, etc. nos quedamos comiendo solos, encerrados en los pequeños y terribles rincones de nuestra pusilánime soledad.

15. Conozco al sacerdote, me da mucha vergüenza contarle lo que he hecho:

Dicen algunos que el pudor es la experiencia interior que nos lleva a reconocer el valor que debe ser protegido (ocultado muchas veces). Esto salva por ejemplo a la desnudez del mal gusto (lo sabemos es de mal gusto andar desnudos por la calle). La vergüenza en cambio, que en algo se le parece, es la experiencia interior del valor que ha sido transgredido, y nos lleva a protegernos (a ocultarnos también tantas veces). Esto nos salva de ser unos sinvergüenzas (lo sabemos es feo cometer un pecado grave y luego andar por la vida como si nada hubiese sucedido). Ahora bien, la vergüenza puede ser negativa si es que se repliega en sí misma. Decía el santo Cura de Ars que el demonio antes de pecar te quita la vergüenza y te la restituye cuando vas a confesarte. Pero por el contario, la sana vergüenza, puede ser muy positiva si es que nos lleva a una confesión más profunda y dolida, y evita que volvamos a caer muy seguido en los mismos pecados. Por eso usted tiene que aprovechar su mucha vergüenza como catalizador, para -después de entrar en su interior y replegarse- salir como el hijo pródigo decidido a la casa del Padre. Si le cuesta mucho, entonces busque a otro sacerdote o un confesionario con rejilla. Eso sí, no se olvide: evite quedarse oculto.

16. No tengo por qué contarle mis pecados a otro, es un asunto privado:

En este asunto San Juan es taxativo: «Si decimos que no pecamos, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros; pero si confesamos nuestros pecados, Dios nos perdonará. Él es fiel y justo para limpiarnos de toda maldad.» (1Jn1, 8-10) Además «Uno puede decir: yo me confieso sólo con Dios. Sí, tú puedes decir a Dios «perdóname», y decir tus pecados, pero nuestros pecados son también contra los hermanos, contra la Iglesia. Por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia, a los hermanos, en la persona del sacerdote […]. También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decir al sacerdote estas cosas, que tanto pesan a mi corazón. Y uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia, con el hermano. No tener miedo dela Confesión». (Papa Francisco, Audiencia General, 19 de febrero de 2014)

Por: Daniel Prieto | Fuente: http://catholic-link.com

Abr 22 15

Pornografía… ¡veneno que envenena tu mirada y tu corazón!

por Amor Seguro, A.C.

From:

Subject: Contacto AMOR SEGURO

Date: March 1, 2015 10:29:28 PM CST

To: hola@amorseguro.org

::::: Datos del Contacto :::::

Nombre:

E-mail: …@hotmail.com

Teléfono:

Ciudad:

Comentario: Buenas noches. Fui a una plática que dio el semestre pasado aquí en Cancún. Bueno, a lo que voy. La verdad es de que no puedo más. Creo y tengo que admitir que tengo una adicción a la pornografía, la pornografía me lleva a masturbarme y en esos momentos busco mujeres para tener relaciones sexuales, la cosa no se da porque no las encuentro pero ya que tengo a alguien cerca para hacerlo me da miedo ir y me doy cuenta de lo que estoy a punto de hacer. Esto me hace dar cuenta que no quiero tener relaciones, solo es un momento donde mi imaginación vuela y me veo con una chica, trato de hacerlo realidad pero cuando ya es muy real huyo porque en realidad no quiero.

Hace un poco más de 5 años tuve una novia en la prepa con la que tuve relaciones sexuales durante como 3 meses seguidos (el noviazgo duro 6 meses) y eso me ha marcado, son recuerdos que no he podido sacar y en los momentos que veo pornografía se me vienen a la mente y menos puedo dejar la pornografía en ese momento.

Durante los últimos 4 años solo he tenido dos novias, con una dure 9 meses y con la última 7 y con esas dos últimas (que eran niñas concurridas en la Iglesia) la cosa ha empezado muy bonita pero con el pasar del tiempo, de las visitas a sus casas o a la calle, los besos y cariños cambiaban de tono a cosas más sucias, rompíamos la barrera del pudor verbal y planeábamos tener relaciones pero GRACIAS A DIOS nunca se dieron las cosas. Con la última terminé en Octubre pero tengo que decirle que sigue siendo una tentación para mí porque aún sin ser novios teníamos pláticas obscenas por whatsapp, nos pasábamos imágenes de nosotros y como dos veces planeamos vernos pero al final, como le dije, me daba cuenta que tenía encima eso y le huía por miedo porque en realidad no quiero eso. Actualmente, nos movemos en el mismo grupo social pero es feo porque la evito para no verla y no hablar con ella porque siento que hablándole la confianza puede regenerarse y habiendo confianza puede haber cualquier cosa.

Soy católico, soy responsable de mi equipo de la Iglesia, voy de misiones, trabajo en apostolados, trato de ser una buena persona y trabajo en mi vida espiritual pero todo se viene abajo por lo último, mi vida espiritual.

Puedo proponerme cosas muy padres y motivarme después de una buena Hora Eucarística pero con esto de la pureza todo se viene abajo y mi vida de gracia la pierdo en menos de una semana, no dura ni una semana después de mi última confesión y el momento en que pierdo mi vida de gracia.

Ya llevo varios años así, es algo que no me deja vivir y es algo que quiero dejar porque me hace sentir muy mal, ofendo a Dios, ofendo a mi futura mujer (si Dios lo quiere), me ofendo a mí y retrocedo.

Tengo una onda vocacional después de los últimos ejercicios espirituales y tengo miedo de echar a perder el plan de Dios en mi vida si llego a cometer una tontería con alguna mujer al igual que si la cosa no va por el lado religioso tampoco quiero ofender a mi futura mujer, quiero darle a esa mujer lo mejor de mí, un hombre al 100%, quizás marcado por el pecado pero recuperado y con ganas de dar todo el amor que tiene y que puede, no solo por ella, también por los futuros hijos que pueda haber. Suena raro que después de decirle puras porquerías de mí le esté diciendo sueños tan “bonitos” pero es la verdad, busco la felicidad en el lugar donde me ponga Dios.

Le cuento todo esto porque busco ayuda, he buscado consejo en como 3 o 4 padres, como 2 consagrados y me dicen lo mismo de que no esté tan ocioso, haga deporte, haga un horario, cosas que no sé si las dicen porque en algún lugar les dijeron que digan eso cuando estén frente a un joven con problemas de pureza o porque en realidad ya lo vivieron. Creo que ustedes que trabaja en esto me puede decir mejores cosas o cosas más aplicables a mi vida porque tiene experiencia en esto y las palabras que dan en sus pláticas pues afirman que sí saben y puede darme quizás una palabra pero que pueda ayudarme a cambiar. Quiero cambiar quiero ser santo, quiero dejar de hacer esto por amor a Dios, por amor a mi vocación.

Otra cosa que espero no sea impedimento, es mi situación económica. Conozco sus retiros, sus eventos en Chichen Itza, etc, pero igual, sé que están caritos.

Mis padres no me pagan cosas que no sean de la escuela. Yo gano un pequeño sueldo de estudiante de medio tiempo y ojalá lo que me diga sea algo a lo que pueda acceder.

Recuerdo que una vez en confesión, un padre me dijo que: “¿Cómo que 30 veces te masturbaste en una semana!? necesitas un especialista, ve con uno”

Salí súper desanimado de esa confesión porque lo que no sabía el Padre es de que yo no puedo acceder a algo así.

Perdón por hacerle perder su tiempo leyendo todo este montón de palabras pero es la manera más resumida en que puedo contarle mi problema y la raíz de ellos.

Espero pueda ayudarme, tengo mucha esperanza Amor Seguro.

¡Buenas noches!

From: hola@amorseguro.org

Subject: Fwd: Contacto AMOR SEGURO

Date: Thu, 16 Apr 2015 13:57:30 -0500

Mi estimado …:

Te escribo como parte del equipo de Amor Seguro, guardando en la intimidad total tu caso como cada uno de los que nos llegan y podemos atender. Conocí Amor Seguro por gracia de Dios y también después de un proceso de mucho trabajo pero sobre todo de oración,  me pudo ayudar a través de un tiempo a salir de esto que hoy a ti también te mantiene encadenado, la pornografía y lo que de ella se deriva.

Para empezar te estaré hablando de hombre a hombre, de un católico comprometido al igual que tu y con muchas similitudes en cuanto a apostolados  y obra social. Una persona muy apegada a su religión, a sus apostolados y demás actividades, pero una persona que terminaba su cuerpo y sus pasiones por sucumbir y caer a lo que sus sentidos le dictaban.

Por años estuve atrapado en esto, películas, internet y cualquier cosa que elevaba mis sentidos y  me llevaban por supuesto a querer más y más. No había viajes, salidas, momentos del día que mi mente no volara por tanto y tanto que le metía a mi cuerpo, tal cual como creo funciona una droga.

El respeto de igual manera con la única niña con la que llevaba una relación de tres años, termino también esto por  ahogar la relación, ya que este tema seguía afectando todo de tal forma que no me permitía hacer y rehacer mi vida. Hasta que Dios me puso un “estate quieto” (como dirían algunos) un sacudón de aquellos, en donde me sentí muy solo, sucio, cansado y en verdad pude mirar atrás y ver todo lo que había sido mi vida, tal cual hoy tu lo haces.

Busqué ayuda como tu lo hacías, llegaba a platicar con padres, consagrados y psicólogos que me ayudaban pero no me sanaban, la herida seguía abierta y sangrando más de lo que yo esperaba, no encontraba el porque me pasaba esto, que era lo que en verdad tenia que hacer  y como podría de una vez por todas terminar con la adicción que vivía.

Es ahí cuando Dios puso en mi camino al equipo de Amor Seguro, los tiempos de Dios son perfectos y fue en el momento que yo más lo necesitaba que me vino la primera invitación a asistir al curso en Chichen y te soy sincero, tenía mucho miedo de abrir mi corazón tanto y explicar tal cual tu lo haces esto que me pasaba,  y es que yo traía mucho más de fondo.

Con mucha ayuda al igual que tu, llegue al curso y abrir por primera vez en muchos años mi corazón y mi alma a lo que Dios quería. Ahí por primera vez salió de mi boca en confesión todo por lo que había pasado, ya que mis pláticas y confesiones siempre fueron no tan apegadas en verdad a la realidad y pude por un momento recibir una bocanada de aire fresco, algo nuevo que nunca había experimentado. Salí del curso mas entusiasmado que nunca,  en verdad con herramientas que me permitirían cambiar y caminar a paso seguro, ¿pero que crees? volví a caer, pasaron varios meses eso si, pero la tentación fue mas fuerte y los pensamientos y los años que había dedicado a esto terminaron por cobrarme factura.

Seguí insistiendo en que esto debería de acabar, luchaba una y otra vez, pero el deseo seguía latente y más con todo lo que los medios de comunicación te ofrecen y tenemos a la mano. Todo me incitaba a buscar más como una especie de castigo, no hablaba, me daba pena hablar del tema. Te soy sincero nunca había hablado con nadie, ella en Amor Seguro siempre me trataba como trata a cada una de las almas que le pone enfrente Dios, como almas que están bajo su custodia y que atesora en el corazón, pero no pude en el primer curso decirle por miedo al que dirá.

¿Pero qué pasaba? ¿dónde estaba la medicina? ¡Que alguien me explique como hacerle!. Mi Psicóloga me daba libros, tomaba cursos, trataba de cambiar la página, pero seguía ahí latente y caía y caía… una y otra vez.

Hasta que llego de nuevo una nueva invitación de Dios, nuevamente tocaba a mi puerta Amor Seguro, pero ahora en un campamento para chavos que creo que has oído y si no eres un invitado especial al ECO CAMP, ahora ETHOS CAMP este verano, pero deja te cuento: “Es ahí donde Dios después de verme ya casi en mis últimas, me dijo: VEN, y ahí es donde conocí en verdad algo que se llama el ESPÍRITU SANTO, no me pidas explicarte ¿qué es?, ¿cómo se siente?, ¿qué me pasó?, ¿qué vi  y experimenté?, sólo se decirte que pude ahora sí, arrancar de mis entrañas TODO, hablar de cara a cara con Dios, con los padres y en verdad decir ¡YA BASTA!. No sólo por mi, sino también por todo lo que me rodeaba, mi familia, mis amigos, mis jóvenes a los que formo, los padres, mis sobrinos, en fin no podría ser yo mismo si esto no hubiese parado.

Llevo 11 meses sobrio como diría algún adicto, en nuestro caso la pornografía, 11 meses que me aferre a mi mejor medicina la Eucaristía y misa diaria, a entender todos los días lo que Dios me dice y saber que como humano las tentaciones seguirán ahí ¿que si es difícil? Uffff por supuesto, vienen de nueva cuenta lo que el cuerpo te exige como hombre y más con lo que le metiste por tanto tiempo, pero es ahí donde viene la verdadera inyecciónen creer, en hablarlo siempre, en agarrarte de herramientas que te recuerden el objetivo, en ponerte ciertas alertas a tus sentidos y poder ir frenando poco a poco todo lo que esto te deja.

No te desesperes, sí se puede y créeme que la oración es sumamente poderosa. Se que eres un fiel creyente, pues es hora de ponerlo en practica.

El campamento de verano te dará muchas herramientas, comprenderás muchas cosas y saldrás con respuestas bien contestadas. Pero tienes que ir preparando tu corazón para vivir esto que estoy seguro te ayudara más de lo que te puedes imaginar, tendrás a todo un equipo que estará para escucharte y dejar en verdad que el Espíritu Santo haga lo suyo, pero te digo un última cosa, tienes que CONFIAR y dejarte AMAR.

Cuenta desde hoy conmigo y con todo el equipo de Amor Seguro que estaremos pidiendo por ti. Por favor no dejes de ir, que lo económico no sea un impedimento. Has de tu parte y nosotros haremos la nuestra.

Te mando un fuerte abrazo y mis sinceras y seguras oraciones

“Dios hace nuevas todas las cosas” – Mi frase

Atentamente

Tu Amigo Espiritual

Ethos Camp

Fecha inicio: 19 de Junio de 2015 Fecha de término: 26 de Junio de 2015

Lugar: Pipiol – Valle de Bravo, México Hora: 16:00

Costo: $7,500.00

JÓVENES MAYORES – 19 años en adelante

http://www.amorseguro.org/archivos_eventos/5.pdf

Feb 26 15

Custodiar la vida, reverenciar la vida – NO a la anticoncepción

por Amor Seguro, A.C.

Escucho la voz de mi querida hija espiritual:

“¡Necesito hablar contigo!, hoy en el colegio nos dieron una plática que violentó mi corazón. Una doctora, ginecóloga católica, nos habló 3 horas de todos los métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual – algo que nunca imaginé que se diera así, de esa forma en mi colegio. Es muy bueno recibir información, lo sé, pero no así. La Doctora hablaba de una realidad que sé perfecto que existe, ¡tengo 17 años…! Me dolió mucho, porque mi colegio era mi lugar seguro en el mundo, yo no podía creer que en esas paredes en dónde yo había escuchado tantas veces hablar de la verdad – hoy me hablaran así de lo que  fue demasiado duro y violento… sentí que traicionaba la verdad, traicionaba a Jesús. Lo peor es que al terminar – quienes viven desordenadamente, se justificaban porque les dieron los argumentos e ideas para hacer lo que hacen… me veían a mi como la tonta que sigue creyendo en que existe el amor verdadero y que vale la pena esperar – creer en la belleza de la virginidad – ¡Todo el mundo lo hace, lo importante es cuidarte, no embarazarte como lo decía la doctora”. Y lo más increíble es que hasta al final sin ninguna convicción, la doctora después de 3 horas dijo: “yo recomiendo la abstinencia”… ¡después de lo que escuché hoy… no quiero tener relaciones nunca!.”

Una vez más, quiero pedirle perdón a los jóvenes. Una vez más, me duele el alma darme cuenta de que muchos adultos – creen que informarles sobre educación sexual es ¡hablarles sobre métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual!.

Está comprobado que los anticonceptivos han cambiado el concepto de lo que significa la sexualidad.

Está comprobado que los jóvenes no creen que ellos se pueden enfermar.

Y también, está comprobado que en los países en donde se promueven los anticonceptivos – la promiscuidad, el embarazo adolescente y el aborto aumentan considerablemente. Contrariamente a las comunidades en donde se promueve la abstinencia y la castidad.

Hablarles así de “las enfermedades y de los métodos anticonceptivos”, es decirles: “Como tu no puedes vivir la castidad, rómpete separando tu ser persona, eres incapaz de amarte a ti misma … de esperar el momento para amar plenamente como estás llamada a hacerlo en el matrimonio… vive el desorden que te incapacita para amar – pero, por favor: Cuídate no te vayas a enfermar o embarazar!”.

Hablar de sexualidad es hablar de la persona, es hablar de la belleza del amor, es hablarles de la vida – es invitares a reverenciar la vida, custodiarla.

Dios es amor. El amor da, el amor se derrama, el amor crea y El, el Rey del universo quiere crear nuevos seres con nosotros. Dios creó a la persona sexuada como  hombre o mujer y nos invito a amar y dar vida - con El. Dios es la fuente del amor y la vida. Dios creo el orden del amor y de la sexualidad. No se debe separar la vida del amor, el amor de la sexualidad, la sexualidad de la vida… porque fragmentas, rompes, divides a la persona.

¿Educación sexual? Ellos con un click, tienen toda la información “sobre sexo” que necesitan. Pensar de otra manera es creer en las hadas de los cuentos. ¿Por qué violentar a la mujer que cree en la virginidad, la castidad… que el amor verdadero espera?.

¿Por qué hablarles de evitar la vida y las enfermedades que pueden contraer, cuando lo que hizo Karol Wojtyla es apelar al corazón, maravillarnos primero de la belleza y verdad sobre el hombre y la mujer?

Hablar de vida es invitarlas a reconocerse mujeres… llamadas a reverenciar la vida.

Hablarles de cómo Dios las miró desde el principio para ser quienes custodien lo más precioso, lo más grande, lo único capaz de transformar la historia – La VIDA de una persona.

Invitarlas a reconocerse como quienes son: MUJERES, llamadas a la existencia para custodiar a la humanidad, transformarla con su ser femenino, capaces de acoger la vida de otro, como un verdadero don. La mujer está llamada a ser hija, esposa y madre.

¡Si tu quieres saber que es lo más sagrado, abre los ojos y date cuenta que es lo más atacado: La vida y la mujer!

¿Quién esta llamada a recibir, acoger, custodiar el inmenso don de la vida? La mujer que protegida por el hombre le enseña a el cómo amarla.

Estamos llamados a vencer el mal con el bien. ¿Son un bien los anticonceptivos? NO, son un mal.

Recomiendo escuchar la conferencia de Janet Smith – experta en éste tema, sobre TODO lo que existe detrás de la des-información sobre los anticonceptivos y lo que ha dañado “ésta cultura antivida a la mujer y como consecuencia a toda la humanidad”.

No recuerdo quien me lo dijo, pero es tan claro como que estoy escribiendo: “Si tu quieres destruir a un pueblo, prostituye a sus mujeres”… es lo que han hecho con la mujer desde hace más de 40 años de un modo incisivo, manipulador y confuso.

Pablo VI lo dijo proféticamente en 1968:

“Los hombres rectos podrán convencerse todavía de la consistencia de la doctrina de la Iglesia en este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la natalidad. Consideren, antes que nada, el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio fácil para burlar su observancia. Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada”. HV 17

Hablemos del bien y el orden…  invitemos a los jóvenes a vivir en la verdad, enamorándoles de ella.

ES LO QUE ANHELAN de nosotros los adultos. Pero, ¿qué pasa con nosotros los adultos? Por qué no sabemos cómo enamorarles de la verdad, del bien… de su capacidad para vivir la castidad – ¡porque nosotros no la vivimos! – porque desde hace 50 años la mujer se ha convertido en objeto y el hombre cada vez es más egoísta. Porque no amamos como estamos llamados a hacerlo. Nadie puede dar lo que no es.

Yo confío en los jóvenes, creo que ellos están llamados a cambiar el mundo – así ha sido siempre, ésta generación cuenta con todos los medios para transformarlo… pero necesitamos acompañarles nosotros a vivir en la verdad – no en la mentira, en la libertad no en la esclavitud, en el orden no en el desorden – amando la vida, no odiándola.

Estamos inmersos en la crisis de identidad más dolorosa en la historia – ¡y vivimos en el siglo XXI…!. Es increíble que estemos matando al hombre y defendiendo a las tortugas, es impresionante que hoy la cultura enseñe a protegerse de una enfermedad de la misma forma que protegerse de haber sido llamados a amar y dar vida.

¿Protegerse de la vida?  Es irracional, es vivir en el absurdo.

Hoy no se conoce otra cultura que no sea la cultura anticonceptiva. Cuando la píldora apareció en los años cincuenta, se creía que iba a ayudar a los matrimonios. Y la realidad comprueba todo lo contrario. Los anticonceptivos promueven la promiscuidad entre adultos y jóvenes.

Es la Iglesia quien DEBE custodiar a la persona. San Juan Pablo II apasionado del amor humano, el matrimonio y la familia – nos dejó un mapa, el GPS de regreso al Padre… porque sólo reconociéndonos deseados, creados, amados, mirados por el inmenso Amor del creador de todo lo que existe podemos dejarnos transformar por EL y responder al llamado a dar vida, amar viviendo plenamente como hombres y mujeres capaces de anunciar la verdad.

Deseo y pido que como católicos reaccionemos y busquemos respuestas a las preguntas que jóvenes como mi querida niña de 17 años anhelan escuchar para seguir creyendo que es posible la castidad, la decencia, el orden… el amor verdadero.

¿Te has preguntado por qué tantos jóvenes han dejado de creer que el amor es posible?

Yo sí y los he escuchado: Por que no son testigos del amor vivido entre nosotros, los adultos. Hemos dejado de amar para siempre, perdonarnos cuantas veces sea necesario y dar la vida por el otro.

Si no tengo respuestas, ¿cómo puedo acompañarles y responderles?

Conoce y vive tu primero la verdad sobre el amor, la sexualidad y la vida – que ha enseñado siempre la Iglesia católica y San Juan Pablo II en su Teología del Cuerpo - maravíllate de quien eres y estás llamado a ser, apasiónate por la vida… sólo así podremos acompañarles, guiarles, educarles en la sexualidad, para el amor y para que den vida.

El verdadero DESEO que todo joven lleva en el corazón es el deseo de AMAR y ser AMADO.

¡QUIEREN AMAR, pero no saben cómo… porque no nos ven amándonos los unos a los otros!

Janet SmithAnticoncepción ¿por qué no?

http://www.amorseguro.org/archivos_podcasts/01_janet_smith-anticoncepcion.mp3

Feb 16 15

La teología del selfie

por Amor Seguro, A.C.

Por Jorge Enrique Mújica

ROMA, 29 de diciembre de 2014 (Zenit.org) – A mediados de 2014 la NASA creó el mosaico temático sobre el planeta tierra más grande del mundo: 36,422 selfies completaron el collage. La manera de conseguir las fotografías no fue menos megalómana: se hizo por medio del hashtag #GlobalSelfie el cual fue secundado por personas de más de cien países en redes sociales. La masiva participación conseguida por la NASA supuso, en realidad, la continuidad de un fenómeno cada vez más extendido y que incluso ha merecido ser reconocido por el prestigioso Oxford Diccionary como la palabra del año en 2013: «selfie».

El fenómeno de los selfies ha sobrepasado el ámbito de lo anecdótico (recuérdese, por ejemplo, los «camelfies» o selfies con camellos) y parece estar destinado a no quedar encorsetado en la denominación «moda pasajera».

¿A qué se debe esta masificación del compartir imágenes sobre uno mismo que tan solo en 2013 supuso 1 millón de publicaciones diarias de este tipo? Evidentemente esto es posible gracias a la dinámica de la inmediatez y la masificación que la técnica hace posible y a la que la sociedad digitalizada estimula. Se trata, por tanto, de algo de carácter técnico pero también psicológico: son las propias personas las que se sienten involucradas y, aunque parezca una redundancia, protagonistas también de sus propias fotos, incluso al sacarlas.

Esta dimensión protagónica está aderezada por el hecho de que las fotos también son un testimonio capturado en pixeles por el que las personas dicen con imágenes: «yo estuve ahí», «yo soy así», «alguien estuvo conmigo». Y tal vez con un poco de suerte se convierten en contenidos virales, es decir, masivos, consiguiendo así también un poco de fama efímera.

El fenómeno selfie no ha quedado exento de tintes patológicos como cuando en mayo de 2014 un joven ve caer, tras el sprint final del «Giro de Italia», al ciclista alemán Marcel Kittel: se le acerca y en lugar de ayudarlo se toma una foto con él para luego compartirla en las redes sociales. Actitudes análogas se repiten en muchas partes y con muchas personas. Y eso es también lo que está al fondo del breve corto «Aspirational», de la actriz Kirsten Dunst.

Dunst se burla finamente de la cultura del selfie y pone el dedo en la llaga: la deshumanización de las personas al tiempo de Instagram. En «Aspirational» vemos a Kirsten esperando fuera de su casa. Pasan dos chicas que la reconocen, se le acercan con smartphones en la mano y, sin más, comienzan a hacerse fotos con ella. Terminada la «sesión» fotográfica las jóvenes se van sin apenas cruzar palabras. «No quieren preguntarme nada», les dice Dunst, mientras una de las chicas pregunta a la otra: «¿cuántos seguidores crees que voy a sumar con esta foto?».

Desde luego «Aspirational» es una caricaturización pero que tiene su fundamento real: cómo no recordar a aquel niño español que por las mismas fechas se emocionó hasta las lágrimas ante el hecho de poder tomarse una foto con el futbolista argentino Leonel Messi. «¿Qué te ha dicho Messi?», le preguntó al zagal un periodista tras haber obtenido la foto. «Nada», fue la respuesta. Él quería la foto con Messi no las palabras del futbolista.

A decir verdad, los selfies no son algo absolutamente nuevo. ¿Quién no recuerda el mito de Narciso quien por vicisitudes de la vida termina enamorándose de su propia imagen lo que supone también su muerte ahogado mientras contempla su belleza en la rivera del río? No parece exagerado encontrar alguna lección moralizante de aquel «selfie mitológico» que, aplicado a las circunstancias actuales, invita a abrir los ojos no sólo a esa sobre exposición vanidosa sino también a esa falta de autenticidad que va de la mano de la manipulación de imágenes para aparentar ser quienes no somos.

Históricamente hablando el primer selfie fotográfico data de 1914 y la protagonista fue una adolescente de 13 años: la gran duquesa Anastacia, de Rusia. Si nos remontamos mucho más atrás y colocamos nuestra atención en ámbito religioso qué es la Sábana Santa o el ayate de la Virgen de Guadalupe sino dos selfies de peculiaridad sobrenatural. Pero en realidad el primer selfie es aún más antiguo, se remonta a Dios mismo y tiene un fundamento teológico: la Biblia.

En el capítulo 1 versículos 26 y 27 del libro del Génesis se dice claramente que Dios creó al hombre a imagen y semejanza suya. En este sentido, cada auto-fotografía humana sería una imagen que refleja algo de divino -la acción de Dios- y que remite a Él. Pero Dios es todavía más original y quiso sacarse el «selfie más perfecto» de todos: Jesucristo.

Ciertamente Jesucristo no es una imagen de Dios sino Dios en persona. Y es aquí en definitiva donde encontramos una explicación teológica de los selfies: en el fondo los autoretratos son expresiones de cercanía, de esa capacidad creadora sembrada por Dios en los corazones humanos y que queda materializada en imágenes. No es, por tanto, una simple amauterización de la fotografía posibilitada por las tecnologías sino expresiones muchas veces instintivas que por medio de la reflexión nos revelan ese anhelo de eternidad para el que hemos sido hechos. Cada foto es una forma de decir «existo», «yo también soy parte de la raza humana» y, todavía a un nivel más profundo, «soy imagen y semejanza de Dios». En este sentido podemos decir que hay un anhelo de eternidad en cada autoretrato.

Ene 26 15

Teología de las lágrimas – Papa Francisco

por Amor Seguro, A.C.

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES – DISCURSO DEL SANTO PADRE

Domingo 18 de enero de 2015

Queridos jóvenes:

Cuando hablo espontáneamente, lo hago en español porque no conozco la lengua inglesa. ¿Puedo hacerlo? Muchas gracias. Está aquí el P. Mark, un buen traductor.

Primero de todo, una noticia triste. Ayer, mientras estaba por empezar la Misa, se cayó una de las torres, como ésa. Y, al caer, hirió a una muchacha que estaba trabajando y murió. Su nombre es Cristal. Ella trabajó en la organización de esa Misa. Tenía 27 años. Era joven como ustedes y trabajaba para una asociación que se llama Catholic Relief Services. Era una voluntaria. Yo quisiera que nosotros, todos juntos, ustedes jóvenes como ella, rezáramos en silencio un minuto y, después, invocáramos a nuestra Madre del cielo. Oremos.

También hagamos una oración por su papá y su mamá. Era única hija. Su mamá está llegando de Hong Kong. Su papá ha venido a Manila a esperar a su mamá.

Me alegro de estar con ustedes esta mañana. Mi saludo afectuoso a cada uno, y mi agradecimiento a todos los que han hecho posible este encuentro. En mi visita a Filipinas, he querido reunirme especialmente con ustedes los jóvenes, para escucharlos y hablar con ustedes. Quiero transmitirles el amor y las esperanzas que la Iglesia tiene puestas en ustedes. Y quiero animarles, como cristianos ciudadanos de este país, a que se entreguen con pasión y sinceridad a la gran tarea de la renovación de su sociedad y ayuden a construir un mundo mejor.

Doy las gracias de modo especial a los jóvenes que me han dirigido las palabras de bienvenida: Jun Chura, Leandro Santos II y Rikki Macalor. Muchas gracias. Y la pequeña representación de las mujeres. ¡Demasiado poco! Las mujeres tienen mucho que decirnos en la sociedad de hoy. A veces, somos demasiado machistas, y no dejamos lugar a la mujer. Pero la mujer es capaz de ver las cosas con ojos distintos de los hombres. La mujer es capaz de hacer preguntas que los hombres no terminamos de entender. Presten ustedes atención. Ella [la chica Glyzelle] hoy ha hecho la única pregunta que no tiene respuesta. Y no le alcanzaron las palabras. Necesitó decirla con lágrimas. Así que, cuando venga el próximo Papa a Manila, que haya más mujeres.

Yo te agradezco, Jun, que hayas expresado tan valientemente tu experiencia. Como dije recién, el núcleo de tu pregunta casi no tiene respuesta. Solamente cuando somos capaces de llorar sobre las cosas que vos viviste, podemos entender algo y responder algo. La gran pregunta para todos: ¿Por qué sufren los niños? ¿por qué sufren los niños? Recién cuando el corazón alcanza a hacerse la pregunta y a llorar, podemos entender algo. Existe una compasión mundana que no nos sirve para nada. Vos hablaste algo de eso. Una compasión que, a lo más, nos lleva a meter la mano en el bolsillo y a dar una moneda. Si Cristo hubiera tenido esa compasión, hubiera pasado, curado a tres o cuatro y se hubiera vuelto al Padre. Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas.

Queridos chicos y chicas, al mundo de hoy le falta llorar. Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Solamente ciertas realidades de la vida se ven con los ojos limpios por las lágrimas. Los invito a que cada uno se pregunte: ¿Yo aprendí a llorar? ¿Yo aprendí a llorar cuando veo un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo? ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Y esto es lo primero que yo quisiera decirles: Aprendamos a llorar, como ella [Glyzelle] nos enseñó hoy. No olvidemos este testimonio. La gran pregunta: ¿Por qué sufren los niños?, la hizo llorando; y la gran respuesta que podemos hacer todos nosotros es aprender a llorar.

Jesús, en el Evangelio, lloró. Lloró por el amigo muerto. Lloró en su corazón por esa familia que había perdido a su hija. Lloró en su corazón cuando vio a esa pobre madre viuda que llevaba a enterrar a su hijo. Se conmovió y lloró en su corazón cuando vio a la multitud como ovejas sin pastor. Si vos no aprendés a llorar, no sos un buen cristiano. Y éste es un desafío. Jun Chura y su compañera, que habló hoy, nos han planteado este desafío. Y, cuando nos hagan la pregunta: ¿Por qué sufren los niños? ¿Por qué sucede esto o esto otro o esto otro de trágico en la vida?, que nuestra respuesta sea o el silencio o la palabra que nace de las lágrimas. Sean valientes. No tengan miedo a llorar.

Y después vino Leandro Santos II. También hizo preguntas sobre el mundo de la información. Hoy, con tantos medios, estamos informados, híper-informados, y ¿eso es malo? No. Eso es bueno y ayuda, pero corremos el peligro de vivir acumulando información. Y tenemos mucha información, pero, quizás, no sabemos qué hacer con ella. Corremos el riesgo de convertirnos en “jóvenes museos”, que tienen de todo, pero no saben qué hacer. No necesitamos “jóvenes museos”, sino jóvenes sabios. Me pueden preguntar: Padre, ¿cómo se llega ser sabio? Y éste es otro desafío: el desafío del amor. ¿Cuál es la materia más importante que tienen que aprender en la Universidad? ¿Cuál es la materia más importante que hay que aprender en la vida? Aprender a amar. Y éste es el desafío que la vida te pone a vos hoy: Aprender a amar. No sólo acumular información. Llega un momento que no sabes qué hacer con ella. Eso es un museo. Sino, a través del amor, que esa información sea fecunda. Para esto el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo: usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente: lo que pensás, lo sentís y lo realizás. Tu información baja al corazón, lo conmueve y lo realiza. Y esto armoniosamente: pensar lo que se siente y lo que se hace; sentir lo que pienso y lo que hago; hacer lo que pienso y lo que siento. Los tres lenguajes. ¿Se animan a repetir los tres lenguajes? Pensar, sentir, hacer. En voz alta. Y todo esto armoniosamente.

El verdadero amor es amar y dejarme amar. Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenés sólo toda la información, estás cerrado a las sorpresas. El amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa, porque supone un diálogo entre dos: entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende. Dejémonos sorprender por Dios. Y no tengamos la psicología de la computadora de creer saberlo todo. ¿Cómo es esto? Espera un momento y la computadora tiene todas las respuestas: ninguna sorpresa. En el desafío del amor, Dios se manifiesta con sorpresas.

Pensemos en san Mateo. Era un buen comerciante. Además, traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselos a los romanos. Estaba lleno de plata y cobraba los impuestos. Pasa Jesús, lo mira y le dice: Ven, sígueme. No lo podía creer. Si después tienen tiempo, vayan a ver el cuadro que Caravaggio pintó sobre esta escena. Jesús lo llama; le hace así. Los que estaban con él dicen: «¿A éste, que es un traidor, un sinvergüenza?». Y él se agarra a la plata y no la quiere dejar. Pero la sorpresa de ser amado lo vence y sigue a Jesús. Esa mañana, cuando Mateo fue al trabajo y se despidió de su mujer, nunca pensó que iba volver sin el dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero, que lo había sorprendido con algo muy importante, más importante que toda la plata que tenía.

¡Déjate sorprender por Dios! No le tengas miedo a las sorpresas, que te mueven el piso, nos ponen inseguros, pero nos meten en camino. El verdadero amor te lleva a quemar la vida, aun a riesgo de quedarte con las manos vacías. Pensemos en san Francisco: dejó todo, murió con las manos vacías, pero con el corazón lleno.

¿De acuerdo? No jóvenes de museo, sino jóvenes sabios. Para ser sabios, usar los tres lenguajes: pensar bien, sentir bien y hacer bien. Y para ser sabios, dejarse sorprender por el amor de Dios, y andá y quemá la vida.

¡Gracias por tu aporte de hoy!

Y el que vino con un buen plan para ayudarnos a ver cómo podemos andar en la vida fue Rikki. Contó todas las actividades, todo lo que hace, todo lo que hacen los jóvenes, todo lo que pueden hacer. Gracias, Rikki, gracias por lo que hacés vos y tus compañeros. Pero yo te voy a hacer una pregunta: Vos y tus amigos van a dar, dan, dan, ayudan, pero vos ¿dejás que te den? Contéstate en el corazón. En el Evangelio que escuchamos recién, hay una frase que para mí es la más importante de todas. Dice el Evangelio que Jesús a ese joven lo miró y lo amó. Cuando uno ve el grupo de compañeros de Rikki y Rikki, uno los quiere mucho porque hacen cosas muy buenas, pero la frase más importante que dice Jesús: Sólo te falta una cosa. Cada uno de nosotros escuchemos en silencio esta palabra de Jesús: Sólo te falta una cosa.

¿Qué cosa me falta? Para todos los que Jesús ama tanto porque dan tanto a los demás, yo les pregunto: ¿Vos dejás que los otros te den de esa otra riqueza que no tenés?

Los saduceos, los doctores de la ley de la época de Jesús daban mucho al pueblo: le daban la ley, le enseñaban, pero nunca dejaron que el pueblo les diera algo. Tuvo que venir Jesús para dejarse conmover por el pueblo. ¡Cuántos jóvenes, no lo digo de vos, pero cuántos jóvenes como vos que hay aquí saben dar, pero todavía no aprendieron a recibir!

Sólo te falta una cosa. Hazte mendigo. Esto es lo que nos falta: aprender a mendigar de aquellos a quienes damos. Esto no es fácil de entender. Aprender a mendigar. Aprender a recibir de la humildad de los que ayudamos. Aprender a ser evangelizados por los pobres. Las personas a quienes ayudamos, pobres, enfermos, huérfanos, tienen mucho que darnos. ¿Me hago mendigo y pido también eso? ¿O soy suficiente y solamente voy a dar? Vos que vivís dando siempre y crees que no tenés necesidad de nada, ¿sabés que sos un pobre tipo? ¿sabés que tenés mucha pobreza y necesitás que te den? ¿Te dejás evangelizar por los pobres, por los enfermos, por aquellos que ayudás? Y esto es lo que ayuda a madurar a todos aquellos comprometidos como Rikki en el trabajo de dar a los demás: aprender a tender la mano desde la propia miseria.

Había algunos puntos que yo había preparado. Primero, ya lo dije, aprender a amar y aprender a dejarse amar. Hay un desafío, además, que es el desafío por la integridad. Y está el desafío, la preocupación por el medio ambiente. Y esto no sólo porque su país esté probablemente más afectado que otros por el cambio climático. Y, finalmente, está el desafío de los pobres. Amar a los pobres. Vuestros obispos quieren que miren a los pobres de manera especial este año. ¿Vos pensás en los pobres? ¿vos sentís con los pobres? ¿vos hacés algo por los pobres? ¿y vos pedís a los pobres que te den esa sabiduría que tienen? Esto es lo que quería decirles.

Perdónenme porque no leí casi nada de lo que tenía preparado. Pero hay una frase que me consuela un poquito: «La realidad es superior a la idea». Y la realidad que ellos plantearon, la realidad de ustedes es superior a todas las ideas que yo había preparado. ¡Gracias! ¡Muchas gracias! Y recen por mí.

Texto del discurso preparado por el Santo Padre, lo puedes encontrar en www.vatican.va

© Copyright – Libreria Editrice Vaticana

Ene 21 15

Cristo cura la parálisis de nuestros miembros y de nuestros corazones

por Amor Seguro, A.C.

Evangelio según San Marcos 3,1-6.

Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”. Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?”. Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. El la extendió y su mano quedó curada.Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.

Comentario del Evangelio por : San Pedro Crisólogo (c.406-450), obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia

Homilía sobre el misterio de la Encarnación, 148; PL 52, 596

Cristo cura la parálisis de nuestros miembros y de nuestros corazones

La encarnación de Cristo no es normal, es milagrosa; no es conforme a la razón, sino según el poder divino; eso viene del Creador, no de la naturaleza; no es común, es única; es divina, no humana. No se ha realizado por necesidad, sino por poder… Ha sido un misterio de fe, para renovar y salvar al hombre. Aquel que sin haber nacido formó al hombre del barro intacto (Gn 2,7), naciendo ha formado a un hombre a partir de un cuerpo intacto; la mano que se dignó coger arcilla para crearnos, se ha dignado también coger nuestra carne para recrearnos…

Hombre, ¿por qué te desprecias de tal manera, siendo así que eres tan precioso para Dios? ¿Por qué, cuando Dios te honra de tal manera, tú te deshonras hasta tal punto? ¿Por qué te interesa tanto saber como has sido hecho y no buscas en vistas a qué has sido hecho? ¿Es que toda esta morada del mundo que ves no ha sido hecha para ti?…

Cristo tomó carne humana para devolver toda su integridad a la naturaleza corrompida; asume la condición de niño, acepta ser alimentado, atraviesa las sucesivas edades con el fin de restaurar la edad única, perfecta y duradera que él mismo había creado. El lleva al hombre para que el hombre no pueda ya volver a caer. Al que había creado terrestre, lo vuelve celestial; a aquel a quien había dado un espíritu humano, le da la vida de un espíritu divino. Y es así como lo eleva todo entero hasta Dios, a fin de no dejar en él nada de lo que pertenece al pecado, a la muerte, al trabajo, al dolor, a la tierra. Esto es lo que nos trae nuestro Señor Jesucristo el cual, siendo Dios, vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.